París. 12 de febrero de 1947. La ciudad se encuentra inmersa en el crudo invierno y las duras condiciones de la posguerra, pero a pesar del frío helador, una elegante muchedumbre se agolpa en el barrio más chic de la capital. “¿Quién es ese Christian Dior?”, se preguntan los periodistas, la flor y nata de la alta sociedad parisina y las estrellas de Hollywood como Rita Hayworth o Vivien Leigh, convocadas ante las puertas del número 30 de la avenida Montaigne, la dirección de la nueva Maison Dior.
Las puertas se abren, y los invitados reciben en primer lugar un impacto
visual: enormes ramos de flores adornan los salones gris perla recién
pintados. Después, el aroma: una composición olfativa sofisticada,
llamada Miss Dior, se ha pulverizado desde primera hora de la mañana en
los salones neo-Luis XVI para envolver a los invitados. Todos toman
asiento y se preparan para descubrir la creación del desconocido
Christian Dior, sin saber que están a punto de vivir un momento único en
la historia de la moda.
En medio de todo el revuelo, cuando los salones rompían en aplausos y bravos, la entonces editora jefe de la revista Harper’s Bazaar, Carmel Snow, proclama entusiasmada las palabras mágicas que pasarán a la historia: “It’s quite a revolution... A New Look!”, dando, sin saberlo, nombre a la primera colección del diseñador. El New Look pasaría a ser parte de la historia de la moda, con un triunfo internacional sin precedentes que acaba de cumplir sesenta y cinco años y aún se sigue celebrando con cada nueva colección de la Maison, como pudimos ver en el desfile de alta costura de la firma para primavera verano 2012. Aquel día, Christian Dior vio el triunfo de su costura como un milagro: “No importa la felicidad que la vida pueda depararme, nada podrá superar lo que sentí en aquel momento”.



