La fiebre de los casinos está de máxima actualidad en nuestro país, ahora que Madrid y Barcelona compiten por albergar el complejo Euro Las Vegas. La cosa también está reñida en el extranjero. Pocos conocen el dato de que Las Vegas no es ya la mayor sala de juegos del planeta. Ese honor corresponde a Macao, ex colonia portuguesa situada en la costa sur de China. Hace cinco años que la capital del pecado asiática supera en facturación a la estadounidense. Seguro que Elvis ha derramado una lágrima desde el cielo.
Del circo a Beyoncé
Quizá nos sigue sonando más Las Vegas porque Hollywood lleva décadas filmando su célebre Strip (avenida principal) y porque desprende un glamour especial. Conscientes de este problema, los gestores de Macao se han esforzado en los últimos años por construir complejos más grandes, brillantes y lujosos. También se han puesto las pilas con la oferta de espectáculos, que abarca desde el "Zaia" del Circo de Sol hasta el show pirotécnico "House of dancing water" o incluso conciertos de la divas pop internacionales como Beyoncé.
¿Qué falla aquí?
El juego se legalizó en la ciudad en 1850. En pocos años, ya empezaba a cuajar en todo el mundo el apelativo de Monte Carlo de Oriente. Aparte de los casinos, son muy populares las carreras de perros y las de caballos. ¿Qué falla en este paraíso de las apuestas? La delincuencia siempre ha sido uno de los mayores problemas de la ciudad, aunque fue duramente golpeada en 1999 cuando Macao volvió a estar bajo mandato chino, con sus draconianas políticas de seguridad. En todo caso, se sospecha que las mafias orientales controlan la ciudad armando el mínimo jaleo posible.
Playas y pagodas
En Macao no cuesta encontrar suites deslumbrantes provistas de spa completo, decoradas al estilo de los santuarios y pagodas chinas. Por ejemplo, en el hotel Banyan Tree, inaugurado en 2011, que además cuenta con playa artificial construida con arena y animada por olas generadas mecánicamente, que alcanzan el metro de altura. También hay hoteles clásicos y suntuosos como el Pousada Sao Tiago construido sobre una fortaleza del siglo XVII, que acaba de incorporar un restaurante español llamado La Paloma.



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