Actualmente la depresión afecta a unos 150 millones de personas en el mundo. Un dato alarmante que afecta el crecimiento personal de muchos. Tener un mal día puede pasarle a cualquiera y uno de los primeros impulsos que sentimos al deprimirnos es atacar el frigorífico en busca de cualquier dulce o bollería.
Cuidado con lo que comemos porque el remedio puede resultar peor que la enfermedad. Un reciente estudio, realizado por las universidades de Navara y Las Palmas de Gran Canaria, demostró que el consumo de grasas saturadas y trans, incrementa en un 42% el riesgo de sufrir depresión.
Patatas fritas que deprimen
Según los psicólogos, la depresión es un trastorno emocional que afecta a un gran porcentaje de la población. La Organización Mundial de la Salud indica que la depresión severa puede llevar al suicido, responsable de la pérdida de más de 850.000 vidas cada año.
En el estudio, a cargo de Miguel Ángel Martínez-González, se examinó la dieta diaria y el estilo de vida de 12.059 personas durante una media de seis años. A pesar de considerar otros factores, la investigación arrojó que un 30% de las depresiones serían atribuibles a un alto consumo de grasa perjudicial, presente en productos industrializados y comida rápida.
Otra investigación publicada en la revista 'Neurology' y realizada en el Instituto Francés de Investigación para la Salud (INSERM), se confirmó la asociación entre el síndrome metabólico y la pérdida de memoria en personas a partir de los 65 años. Es decir, aquellos que tienen hipertensión, obesidad y diabetes tienen un 20% más de riesgo de presentar deterioro en dicha función mental.
Pescado y aceite de oliva para la felicidad
El consumo de aceite de oliva y de grasas poliinsaturadas (abundantes en el pescado) protege contra las enfermedades mentales y están asociadas con un menor riesgo de depresión.
En países como España y Grecia se consumen más legumbres y lo que es aún más importante, se usa mucho aceite de oliva. En cambio, en los países del norte de Europa como Holanda, Noruega o Dinamarca, se consume mayor cantidad de lácteos (grasas saturadas), margarina (trans) y bollería industrial.
Es un hecho que los casos de depresión se han incrementado en los últimos años y en parte se debe al cambio en nuestra dieta. El estrés, la falta de tiempo y preferir restaurantes de comida rápida han modificado los parámetros habituales de alimentación. Al parecer, dejamos de lado el pescado y las verduras, para comer una hamburguesa con patatas fritas.
Dile adiós a la depresión desde la cocina. ¡A comer sano para tener la barriga llena y el corazón contento!

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