ACTIVIDAD DE TUS AMIGOS

    Pintalabios y chupetes
    • Con el frío, las calefacciones, los cambios de temperatura y las peleas continuas para conseguir que se pongan el abrigo, lo normal es que más de uno en casa se te resfríe; y luego vienen las noches sin pegar ojo por toses continuas, la casa invadida por pañuelos de papel (sucios) y la necesidad de mimos y galletas extra.

      Para combatir los males de diciembre sin pasar por la farmacia, aquí te propongo unos cuantos remedios naturales. Eso sí, recuerda que si aparecen fiebre u otros síntomas sospechosos lo mejor es una visita al pediatra a tiempo para evitar acabar en urgencias a las tantas de la mañana.

      Aquí van:

      • El más barato: una cebolla. Así de simple. Nunca imaginaste lo que podría hacer por ti esa triste cebolla que tienes escondida en un rincón de la despensa. Si coges esa cebolla, la partes en cuatro trozos y la dejas en la habitación de la persona que tose o está congestionada notarás los resultados en cuestión de minutos. ¿Tos? Bye-bye. ¿Nariz? Mucho más despejada. Y ahora, a
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    • Eso dicen, al menos. O eso ha comprobado un estudio llevado a cabo en el Reino Unido entre 40.000 familias inglesas. (El artículo original de The Observer en inglés, aquí).

      Según este estudio, los niños más felices son los que menos hermanos tienen, y los que coronan la lista son los niños sin hermanos.

      ¿Cuál es la causa de estos resultados?

      La queja principal de los niños con hermanos fueron los insultos, las peleas y los "abusos de poder" de sus hermanos. Otros puntos calientes fueron la falta de intimidad, de espacio y el hecho de que sus padres tuvieran que dividir su atención entre varios hermanos.

      Los resultados de este estudio me hacen levantar un poco la ceja -yo, que según salí del paritorio dije que quería tener 8 hijos más-, y es que me da la sensación de que los niños de hoy en día -según esta encuesta- son un poco mimados.

      Respeto la queja de las peleas y los insultos. En ese apartado los padres desempeñamos un papel tremendamente importante: no se puede permitir que haya

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    • Eso es lo que una pareja de EEUU ha decidido hacer: dejar que los usuarios de Internet decidan si tienen a su hijo o no.

      Pete y Alisha Arnold, de Minnesotta, han pensado que la mejor idea es montar una encuesta en una página web y que la gente vote. Después, ellos hablarán y tomarán la decisión en base a la encuesta.

      Algunos detalles: Alisha ha tenido dos abortos en el último año y medio, pero al parecer en este embarazo todo va bien. Entonces, ¿por qué se plantean abortar?

      Según Pete Arnold, "votar es una parte importante de quiénes somos como personas. Aquí ofrecemos una oportunidad para que la gente emita su opinión sobre si son pro-elección o pro-vida, y así marcaremos una diferencia en el mundo real".

       

      ¿¿Perdón?? Que me lo repitan porque no lo entiendo. Una cosa es ser pro-votaciones. Otra cosa es estar a favor del aborto libre, otra cosa es estar en contra, otra cosa es votar a favor o en contra de una ley, pero... ¿dejar que decenas, o cientos, o miles, o aunque sólo sea un

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    • Una de las compras estrella durante el embarazo es la cuna: ¿De qué color? ¿Qué modelo? ¿Con barrera fija o móvil? ¿Cuna-cuna o mini-cuna? ¿Ambas? ¿Cuna de viaje también? ¿Cuna-cama-extensible-hasta-la-universidad?

      Modelos hay para aburrir; opciones, aún más. Pero luego llega la gente que decide prescindir de la cuna y probar otra opción: el colecho.

      Cuando iba a clases de preparación al parto, nos hablaron del colecho. Según nos contaron, existen dos tipos de colecho: el que consiste en meter al bebé en la cama con vosotros y el que consiste en que el bebé duerma en una cuna junto a la cama de sus padres (a mí esta opción me parece "la de toda la vida" y nunca me lo había planteado como una forma de colecho).

      Nosotros nos estuvimos planteando la opción de meter a L. en la cama con nosotros. De hecho, como se me adelantó el parto casi un mes, pasé por una fase de "amor-loco-maternal" (por ponerlo amablemente) en la que sólo dejaba que tocaran a mi hija mi marido y mi familia más

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    • Me fastidia cuando un experimento manda mis principios al garete.

      Como madre, me preocupa muchísimo la alimentación de mi hija. Desde que nació hemos intentado que coma lo más natural y equilibrado posible. Y me imagino que no soy la única. Seguro que vosotros también empleáis mucho tiempo en controlar lo que comen vuestros hijos y en advertirles de que no deben comer una bolsa de patatas al día o veinte chocolatinas a la semana.

       Pensar en lo que les mandamos para el recreo, qué meriendan en casa, qué pican cuando van de excursión por ahí, tener cuidado al hacer la compra de que los alimentos no lleven grasas trans, limitar el consumo de alimentos precocinados, llevarlos al burger de turno veces contadas al año... Todo eso es un trabajazo, y ahora llega un profesor de nutrición de Kansas y con su experimento pone en duda años de dar la lata a nuestros hijos.

      Básicamente, lo que Mark Haub hizo fue alimentarse a base de bollería industrial y doritos durante diez semanas. Su teoría: a

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    • El día que decides que quieres tener hijos parece que todo va a ser sencillo: lo decides, te pones a ello y nueve meses después tienes un bebé en tus brazos.

      Sin embargo, de esta idea a la realidad hay un buen trecho. En primer lugar, la decisión no se toma de un día para otro. Más bien es un proceso interno que empieza un día y pasado un tiempo se acaba convirtiendo en una idea en firme que compartes con tu pareja.

       

       

      Cuando compartes estos sentimientos con tu pareja y tu pareja siente lo mismo se acaba la parte teórica y empieza la práctica. El problema es que a partir de ese momento las cosas pueden no ir sobre ruedas.

      Actualmente, el 15% de las parejas españolas (en edad de procrear) tiene dificultades a la hora de tener hijos. Las causas son variadas: problemas físicos, efectos de la dieta, consumo de alcohol, edad avanzada...

      ¿Cuándo hay que preocuparse? 

      En general, una pareja dentro de un rango de edad normal, no tiene que preocuparse si de primeras no se consigue un

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    • Nada mejor que un buen abrigo, un gorro bonito, unos guantes cómodos y unas buenas botas. Aquí tienes los must haves de la temporada:

      Para niña

       

      Sé que las niñas deberían vestir como niñas, pero no puedo resistirme al ver a una enana con mini-botitas de cowboy. ¿Y el abrigo de leopardo? ¡Lo quiero yo!

      Me escuece bastante gastar en cosas que no pegan con todo y se van a quedar pequeñas en un par de meses, pero siempre está bien tener ideas para las Navidades.

       

      Soy fan absoluta del diseño sueco en ropa para bebés y niños: muy colorida, muy cómoda y muy estilosa. Este abrigo con vuelo es ideal para niñas que juegan y dan mil vueltas (de BangBang Copenhagen).

       

       

       

       

       

      Llevo enamorada de este gorro desde antes de que L. naciera. Creo que de este año no pasa (de Elodie Details).

       

       

       

       

       

       

       

       Y este paraguas completa el kit de invierno. Todavía L. es pequeña, pero no hay nada mejor que una niña con paraguas y katiuskas un día de lluvia (de Du Pareil au Même).

       

       

       

       

       

      Para

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    • Entrar a una tienda, un supermercado por ejemplo, y que lo único que quieras sea comprar fruta, leche, un par de cosas que te hacen falta en el baño y llegar a casa lo antes posible.

      Pero antes de salir de la tienda tienes que pasar por la temible trampa: la caja con el stand de caramelos, gusanitos de colores de Bob Esponja, el paquetito de chicles de Hello Kitty que cuesta dos euros, el paquete de pilas con el peluche del conejo de Duracell...

      Así que agarras a la niña de la mano, miras al frente con decisión y rezas por que, por algún motivo, un palé gigante de encurtidos se interponga entre sus ojos y las pequeñas Hello Kitties.

      Pero no, ella primero lo coge y te lo lleva; después te lo exige. Después, te pone esa carita casi irresistible y, cuando tardas un segundo de más en ceder, te monta el pollo: pataleos, chillidos, lloros...

       

       

      Para evitar llenar tu casa de trastos innecesarios a la vez que vacías tu bolsillo, lo mejor que puedes hacer es:

      • Armarte de paciencia.
      • Manenerte
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    • Recuerdo haber empezado a plantearme hacerme un tatuaje con 15 años. No se lo conté a nadie, sabía que en ese momento estaba prohibido, pero en mi cabeza empezó a formarse la idea.

      Cuando mis amigas empezaron a hacérselos, se lo comenté por casualidad a mi madre. La reacción fue un "NO" tan grande como un campo de fútbol. "Es una agresión contra el cuerpo", "lo vas a tener para toda la vida", "vas a estar marcada", etc., etc., etc.. Básicamente, mientras viviera bajo su techo estaba totalmente fuera de las cosas posibles.

      Mis contraargumentos -no exentos de mala leche- eran "si es una agresión contra el cuerpo, ¿por qué llevo las orejas perforadas?" (Mi favorito), o "si es en un sitio donde no se ve, no me importa que dure para siempre" (este es algo erróneo).

      Lo cierto es que hasta los 23 años no me hice ningún tatuaje, y me alegro de haber esperado tanto, aunque desde entonces llevo unos cuantos. En primer lugar, los argumentos de mi madre eran correctos:

      • Hacerse un tatuaje duele,
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    • Mi hija -aún hoy- es un niño para muchísima gente. Cuando cumplió dos meses, harta de que todo el mundo me dijera que tenía un niño muy mono, me fui a la tienda y le compré un gorro rosa con flores de color rosa más fuerte todavía.

      Ni por esas. Mi hijita seguía y sigue siendo un niño aunque la vista de pimpollo o vaya forrada de cosas de Hello Kitty. ¿Y por qué? No es que la niña tenga barba ni nada por el estilo -afortunadamente-; es porque no lleva pendientes.

      Antes de que naciera la verdad es que no nos lo pensamos demasiado. Mi marido es sueco y en Suecia no hay mucha tradición de poner pendientes a las bebés, así que por su parte estaba decidido. También yo me inclinaba hacia el no: pensar en cualquier cosa que pudiera hacer daño a mi niña estaba totalmente fuera de cuestión. Además de que a mí, estéticamente, me gustan más los bebés sin pendientes, pero eso es cuestión de gustos. Para mí es como poner un piercing a un bebé.
      Por otro lado, está el riesgo de que se enganchen con

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