En la actualidad, los tipos de cáncer más frecuentes en la población española son los que afectan a la piel. Con la llegada del verano, la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) y la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) recuerdan que está claramente demostrada su relación causal con la exposición a las radiaciones solares.
El sol nos carga las pilas y es bueno para muchas cosas, pero siempre con protector.
Por ello recomiendan, entre otros consejos, la utilización de cremas protectoras ya que, según distintos estudios clínicos, utilizar un fotoprotector de factor 15 a diario durante los primeros 18 años de vida puede reducir hasta un 78 por ciento el riesgo de cáncer cutáneo. La aparición del cáncer de piel se relaciona con la exposición a los rayos solares durante períodos de tiempo largos y con exposiciones intermitentes e intensas.
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Más del 90 por ciento de los cánceres de piel aparecen en áreas expuestas al sol: la cara, el cuello, las orejas, los antebrazos y las manos son las localizaciones más frecuentes de un cáncer que tiene su principal causante en los rayos invisibles Ultravioleta (UV), más intensos en el verano, en zonas de mayor altura y mayor proximidad al ecuador.
Los efectos de estos rayos aumentan por el viento y las propiedades reflectoras de la superficie del suelo; la arena refleja entre un 10 por ciento y un 25 por ciento de estos rayos, por lo que la exposición de los bañistas es especialmente intensa.
Aunque la exposición al sol es beneficiosa y necesaria para la vida humana; estimula la síntesis de vitamina D, favorece la circulación sanguínea y actúa en el tratamiento de algunas dermatosis, según explica el Dr. Manuel Merino, pediatra y miembro de AEPap, "en las últimas décadas asistimos a un aumento del cáncer de piel en todo el mundo, que está afectando, sobre todo, a personas de piel clara, y que se deriva de la exposición excesiva al sol".
Se recomienda utilizar gafas homologadas que tengan filtro ultravioleta UVA y UVB.
Asegura que "está demostrado que el efecto cancerígeno de las radiaciones solares es acumulativo", "de forma que las quemaduras solares repetidas se relacionan con el desarrollo posterior de tumores cutáneos, especialmente si las quemaduras se producen en la infancia" y recomienda que los niños deben ser especialmente protegidos de la exposición solar excesiva, y educados para mantener conductas eficaces de fotoprotección.
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Todas las prácticas sanas que evitan o minimizan la exposición solar, que favorecen el uso de fotoprotectores, ropa protectora y gafas, que evitan las quemaduras solares o disminuyen el uso de las cabinas de bronceado deben comenzarse lo antes posible en los niños para que se convierta en un comportamiento habitual cuando el niño empiece a ser más independiente. Existen una serie de factores de riesgo endógenos y exógenos que influyen en la población, haciéndola más propensa a padecer cáncer de piel.
En cuanto a los primeros, las personas de piel clara, con pecas y lunares, de pelo rubio o pelirrojo aumenta el riesgo de padecer tumores cutáneos por su menor capacidad para desarrollar el protector bronceado cutáneo; la predisposición familiar a los melanomas. "Las personas con antecedentes familiares de cánceres de piel y los que tienen nevus cutáneos numerosos son más propensos a quemaduras", ha recordado el Dr. Merino.
Las cremas solares son una ayuda para la fotoprotección, pero no deben convertirse en la excusa para aumentar el tiempo de exposición al sol ni la forma de obtener un mayor bronceado. Por otro lado, los pediatras desaconsejan "el uso de mecanismos artificiales de bronceado, como camas o lámparas de rayos UVA". Con respecto a los factores exógenos están las radiaciones solares, especialmente resulta dañina en los primeros años de la vida y las quemaduras solares en la infancia; las radiaciones ultravioletas de fuentes artificiales; y otros cancerígenos, como determinadas sustancias químicas (alquitrán) y otras contenidas en productos cosméticos.
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Para prevenir las quemaduras solares, el Dr. Manuel Merino recomienda a los adultos tomar una serie de medidas como evitar la exposición excesiva al sol, especialmente de los niños más pequeños; tratar de no estar al sol en las horas centrales del día, buscar lugares con sombra; utilizar ropa que cubra la piel, como camisetas con mangas y pantalones de tipo bermudas, sombreros y gorros con ala y también gafas de sol homologadas que tengan filtro ultravioleta UVA y UVB.
Además, aplicar cremas protectoras con factor de protección 15 o superior en las zonas de piel descubiertas, pero teniendo en cuenta que la crema no debe ser nunca la única medida de protección; que las cremas solares deben ser resistentes al agua y proteger tanto de UVA como de UVB y que han de aplicarse antes de la exposición al sol y cada dos o cuatro horas, según la hora del día, intensidad del sol, tipo de piel, número de baños de agua y teniendo en cuenta el efecto potenciador de las superficies reflectantes, como el agua o la arena.
En cuanto a las gafas, el primer requisito es comprobar que posean el sello CE, lo que indica que cumple los requisitos de la normativa europea. Asimismo, hay que tener en cuenta el tipo de filtro solar de las lentes y las características ópticas para que no distorsionen la nitidez de la visión, lente, y la forma para evitar que entre radiación entre la cara y la gafa. Las personas con piel clara y, además, con pecas o lunares abundantes, deberán extremar estas precauciones.
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