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    Cómo irritar a un chef de fama mundial

    Aprovechando el festival del gourmet de Bangkok, la sección de cocina de la web de la CNN ha preguntado a cinco de los mejores cocineros del mundo por sus secretos más íntimos. Las historias basculan entre lo salvaje y lo surrealista. ¿Cuál te hace más gracia?

    Igor Macchia, uno de los chefs más prestigiosos del mundo.

    El chef Igor Macchia, socio del famoso restaurante La Credenza, recibió su primera estrella Michelín en 2006. Una de las anédotas que más recuerda es un malentendido con uno de sus platos más sofisticados: Ravioli a la servilleta. "En vez de llevarle comida, un cliente pensó que le estábamos cambiando los cubiertos y tiró sin querer toda la pasta por nuestro salón".

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    También le saca de sus casillas el comentario: "tu mujer tiene mucha suerte de tener en casa este genio de la cocina". Para terminar, Macchia subraya que "a ningún chef del mundo le gusta cocinar en casa, porque es su lugar de descanso".

    Galvin Lim es el chef del restaurante Les Amis en Singapur. Lim recuerda con horror un cóctel de boda con invitados voraces: “Seiscientas ostras desaparecieron en solo diez minutos, los camareros estaban tan desbordados que los clientes terminaron sirviéndose la comida directamente de la cocina”. Le pone de los nervios “la gente que dice que un chef delagado no puede ser buen chef”.

    Shiqin Chen es el chef del restaurante piamontés Il Boscareto. Su máximo orgullo es haber conseguido cocinar un banquete de boda en un restaurante donde hubo un apagón. "Cometieron la torpeza de no tener generador independiente y tuvimos que preparar todo a la luz de las velas", destaca Chen. En otra ocasión, cocinó toda la noche con un brazo quemado para no tener que cancelar ninguna reserva.

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    Fredéric Vardon es el responsable de Le39V, un proyecto de alta cocina basada en las recetas y consejos culinarios de su abuela. Vardon se educó con el prestigioso equipo de Alain Ducasse y consiguió su primera estrella Michelín en 2012. "Lo que más me molesta es encontrar a un cliente que haya comido en mi restaurante y que no recuerde nada del menú”, señala. Por otro lado, siempre se recordará a Alain Chapel como el chef que murió trabajando en su cocina.

    La célebre sumiller Jeannie Cho Lee confiesa que lo que más detesta entre sus clientes es que le pregunten sobre sus vinos favoritos: "Es como preguntar a Picasso por el color que más le gusta", explica. En mitad de un banquete con un alto cargo del gobierno chino, el vino que escogió subió tanto a los comensales que le pidieron que cantase algo.

    Jeannie Cho Lee, una sumiller con mucha clase.

    Se animó con una pieza tradicional coreana pero lo hizo tan mal que cuando terminó se impuso un gélido silencio. Alguien lo rompió diciendo "sigue con los vinos: eres muy buena".  Problemas de la euforia enológica...