Conseguir que los alimentos lleguen a la mesa con todas sus vitaminas es un gran reto, porque éstas empiezan a perderse desde el mismo momento en que se recolecta la verdura o se sacrifica al animal y continúan haciéndolo con el traslado hasta el lugar de comercialización, el almacenamiento allí y en casa y la preparación.
Afortunadamente, hay muchas medidas que podemos tomar para evitar esta pérdida.
El primer paso, adquirir lo mejor
Al ir a la compra procura adquirir alimentos frescos. Sabrás que lo son si la carne presenta un aspecto ligeramente húmedo y una textura firme; el pescado tiene los ojos brillantes y saltones y las branquias de un color rojo intenso; las verduras son de colores vivos, con la piel lisa y las hojas, si las tienen, apretadas; y las frutas presentan un tono brillante, sin magulladuras, y la cáscara lisa y turgente, bien adherida a la pulpa.
No es aconsejable consumir frutas y verduras partidas, porque no sabemos cuánto tiempo llevan expuestas al ambiente y las vitaminas se pierden en contacto con el aire.
Sin embargo, si no estás segura de la frescura de un alimento o vas a tardar varios días en consumirlo, es mejor que lo compres congelado o en conserva.
La ultracongelación y el envasado en lata o al vacío impiden la proliferación de gérmenes y mantienen las cualidades nutricionales de los productos. Las proteínas, el caroteno y las vitaminas A, D y E se preservan intactas.
Y las vitaminas hidrosolubles C y B se mantienen mucho mejor en los congelados y en la mayoría de las conservas que en los productos que se venden como si fueran frescos y en realidad no lo son.
Opta siempre por firmas que te ofrezcan garantías, comprueba la fecha de caducidad, asegúrate de que el envase está intacto y utiliza el producto tal y como se especifica en la etiqueta.
En casa, cada cosa en su sitio
Cuando llegues a casa, coloca cada producto en el sitio más adecuado: saca los congelados de la bolsa isotérmica donde los has trasladado y mételos rápidamente en el congelador; deja las latas en las baldas de una estantería, a temperatura ambiente y alejadas de cualquier fuente de calor, y coloca los frascos de cristal en un armario, protegidos de la luz y del calor.
En cuanto a los productos frescos, guárdalos en el frigorífico y toma las siguientes medidas higiénicas.
Son necesarias porque el frío retrasa la pérdida de nutrientes y la actividad de las bacterias que colonizan los alimentos, pero no impide ninguno de estos procesos. Por eso...
- No lo llenes en exceso (funciona peor) y abre la puerta sólo lo imprescindible (se pierden frigorías).
- Guarda la comida en recipientes herméticos y opacos (las vitaminas son muy vulnerables al aire y a la luz).
- Cubre las carnes, los pescados, el embutido y el queso y colócalos en las baldas más frías de la nevera.
- No partas el embutido y el queso hasta poco antes de consumirlos. Se conservan mejor enteros.
- Guarda las frutas y verduras en su cajón, fuera del envase para que no se pudran, pero sin lavar ni partir.
- Las bebidas y la leche (una vez que abras la botella o el brik) debes colocarlas en la puerta, ya que tiene la temperatura ideal para conservarlas perfectamente.
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Recetas con frutas para niños.
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