
Celebrar una despedida de soltero. El concepto en sí es absurdo: celebrar una derrota. Como cuando en fútbol un gigante multimillonario cae frente a un humilde tercera regional, no es que gane el matrimonio, es que pierde la soltería. Las ventajas de casarse son las carencias de la soledad: tener alguien que te cuide, seguridad, ir pasando etapas... ¿Podría decirme alguien una sola ventaja propia del matrimonio, una que pueda argumentarse sin referirse a su opuesto? NO: el matrimonio no es sino la ausencia de soltería, igual que la oscuridad no es sino la ausencia de luz. Quien quiera entender, que entienda.
Eso en cuanto al fondo, pero peor aún es la forma. Quizás en los tiempos en que los novios se casaban en edad moza y llegaban al matrimonio enteros y con apenas alguna muesca en la culata, podría ser alegre ver a un grupo de joviales zagales festejar el cercano descorchamiento de un camarada. Pero hoy en día, en esta postsociedad de gelatina que nos hemos fabricado, contemplar a un grupo incoherente de treintañeros a medio hacer, cada uno con más tiros en el cuerpo que una relaciones públicas argentina, arrastrándose de bar en bar disfrazados de cualquier sinónimo de vergüenza, rezando íntimamente porque esa penitencia acabe en drogas y/o prostitutas sin ser censurados por el cuñado supernumerario, es lo más parecido a los paseos que los americanos les dieron a los cívicos vecinos por Auschwitz una vez terminada la guerra.
Así que ante ese panorama, el de un tipo que tira la toalla y se entrega desesperanzado a lo otro, poco hay que celebrar: no diga despedida, diga claudicación. Pero como los varones nos diferenciamos de las fieras y también de los animales en que somos amigos y hay que estar ahí a la duras y las maduras, no dejemos pasar el amargo trago en soledad a nuestro compañero. Aprovechemos, eso sí, para celebrar no lo negativo sino lo que aun en esos momentos nuevos de penuria que se le abren nos seguirá uniendo. Festejemos una oda a la auténtica virilidad.
Manual de instrucciones:
1. Lo viril
Antes de centrarnos en aspectos más tácticos, vamos a dejar bien claro lo que es y no es masculino, que últimamente he visto serios despistes con el tema. Ryan Gosling no es masculino. Ryan mola. Molan sus abdominales, mola su Tumblr, mola su grupo, mola él todo. Mola tanto, y aquí está el problema, que me acostaría con él. Ryan no es el epítome de lo viril. Si te dan ganas de abrazarle es que no lo es. ¿Entonces, quién?
Daniel Day Lewis en 'There Will Be Blood'. Cuando le ves entrar en escena, de lo que entran ganas es de tirarse al suelo y sollozar y pedirle perdón por algo que todavía no has hecho. Y todo esto en el pasillo del cine, imagínate cruzarte con alguno de su calaña en la vida real. Esa maldad y ambición típicamente masculinas son las que hacen brotar el petróleo del subsuelo y hace aviones y ecuaciones y cohetes y satélites y guerras mundiales y, en definitiva, funcionar el mundo. Porque es feo pero alguien tiene que asumir ese papel. Y ésa es exactamente la actitud con la que vamos a agasajar a nuestro compañero casadero.
2. El plan
Empezando por la tarde, que es cuando empiezan las celebraciones memorables, visitad un sitio que hable de lo que representa para vosotros la amistad y su valor. Podrían ser las gradas de un partido de regional preferentes, para simbolizar que incluso en lo páramos más inhóspitos y fríos seguiréis estando juntos; o podría ser la cafetería de un hogar del pensionista, con precios asequibles y rodeados de gente que es capaz de comprimir todo el odio que generan 50 años de amistad en un cierre de dominó; o un taller de pintura para miniaturas o unos recreativos.
No importa el sitio. Lo que importa es que son sitios donde nunca jamás encontrareis una mujer, mucho menos un grupo con las mínimas ganas de reíros las gracias. Habéis salido para reconfortaros en nuestra fidedigna, áspera y ligeramente almizclada amistad; no necesitamos esas locas cabecitas con sus locas necesidades revoloteando a nuestro alrededor. A no ser que sepan hacer un belmonte. ¿Pero desde cuándo una mujer sabe quemar un café? Risas.
3. La cena
Hace unos años hubiésemos dicho que el lugar más apropiado para celebrar un homenaje a la testosterona sería un restaurante vasco, de los de tipografía abertzale en el cartel. Pensar en esas cuadrillas de camisa remetida y profundos odios porque uno no le dejó pagar una ronda hace tres años me dan ganas de salir a aúllar al balcón. Pero vivir tan cerca de Francia ha hecho que a su restauradores les dé por... sofisticarse. Y hace frío. Así que habrá que recurrir a la versión pobre pero aún recia de los mesones vascos, que son los demás pueblos que les rodean en la cordillera: gallegos, asturianos y quizás un cántabro si alguien encuentra uno.
Cada uno tiene su aquél y esto ya va por gustos: en el gallego podréis practicar eso tan de hombres que es beber en silencio, además de comer como dioses en sacrificio, mientras que si eres más del sur preferirás un asturiano para hacer ruido y practicar ese timo tan bien recibido que es el de escanciarse uno mismo la sidra (si no cae la mitad de la botella en la palangana de debajo, no lo estás haciendo bien).
4. La copa
Y finalmente el colofón a una noche mágica. Cuando muchos ya hayan abandonado, cuando solo quede el verdadero núcleo duro, el que ya sabíais antes de empezar más algún cuñado especialmente resistente, es el momento de buscar un sitio íntimo para abrir los corazones y empezar a purgar esa impureza que algunos llaman sentimientos. Para ello nada mejor que rodearse de gente que, a pesar de estar rodeados de explosiones incontroladas de pasión, hacen de la contención su oficio y su modo de vida.
Por un lado tenemos los bares que existen junto a todas las comisarías de España, lugar de encuentro de porteros de garitos y policías de turno cambiado y donde ninguno de los dos se molestará en miraros, hagáis lo que hagáis; hace ya mucho que se les gastó el asombro, a unos en Moldavia y a otros en Pitis.
Y por otro los bares de los tanatorios, de horarios propicios para la divagación y el único lugar del mundo donde ver a una señora de 80 años pedirse un gin tonic a las 8 de la mañana se considera un acto juicioso. Y de Gordon's, of course.
5. ...Y esto es todo
Si buscabais música, baile, gorritos o risas a costa del vendedor de rosas, siento decepcionaros, aquí no lo encontraréis. Porque una despedida de soltero ha de ser algo solemne, una especie de adelanto de un funeral. Como unas oposiciones a notario. Como la ordenación de un sacerdote. Como el vestuario del Madrid cuando Pepe sale de la ducha.
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