Richard Branson, capo de la multinacional Virgin, empezó sus negocios en la industria de la música. Por eso a nadie le va a sorprender que la entrada a Necker Island sea digna de una estrella rock. Los millonarios que visitan este paraíso caribeño llegan en helicóptero, dominando totalmente las vistas y sintiéndose dueños y señores del lugar.
Branson compró está propiedad en 1978, cuando solo contaba con
28 años. Hablamos de alguien acostumbrado desde muy temprano al máximo
lujo, por lo tanto familiarizado con los caprichos y expectativas de la
élite económica mundial.
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La isla-resort le costó unos 200.000 euros y
gastó unos doce millones en dejarla totalmente a su gusto. Lo primero
que compró fueron maderas nobles del Amazonas (nunca ha sido
ecologista), antigüedades asiáticas y un enorme techo tradicional de
madera estilo Bali. Era el remate necesario para la Gran Casa, edificio
mayor del complejo, equipado con ocho habitaciones.
Entre los extras de quien reserve una estancia destacan dos pistas de
tenis, dos piscinas, tecnología punta para el entretenimiento y hasta un
submarino. El mayor lujo de la isla no es lo que tiene, sino lo que
evita: resulta prácticamente imposible que se cuele un paparazzi.
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Si alguno lo hiciera, podrían darse situaciones embarazosas, ya que el complejo cuenta con un baño de tres paredes, donde pueden realizarse todas las actividades higiénicas con vistas al mar. Algunos lo consideran una pasada y otros una horterada.
Guste más o menos, la lista de celebridades que ha pasado por Necker Island resulta impresionante. Destacan Robert de Niro, Steven Spielberg, los Beckham y hasta la princesa Diana. La clientela habitual está formada por oligarcas petroleros, estrellas de las finanzas y recién casados de la alta sociedad.
La tarifa para alquilar el complejo es de 67.000 euros por noche. Por ese precio tienes tu propia isla, con un batallón de sesenta empleados que atienden todas tus necesidades. Además de la Gran Casa, hay seis edificios menores de estilo balinés en la isla. En periodos delimitados (Celebration week) una pareja puede alquilar una habitación durante una semana por unos 30.000 euros.
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