
Planificación.
Se empieza por concretar qué uso se dará a cada habitación y reflejar en un plano donde se colocarán lámparas, focos, etc. En la mayoría de los casos, los expertos aconsejan combinar una iluminación general con otra puntual y cada vez se insiste más en la regulación de la intensidad para que la iluminación se adapte a cada uso.

Interruptores y enchufes.
Éstos, además de las tomas de televisión y de teléfono, y conmutadores, entre otros, también deben detallarse en el plano.

Iluminación domótica.
Con un sistema domótico, las luces se controlan y programan. Precisa una planificación previa, ya que se modifica la instalación eléctrica convencional.

Falso techo.
En habitaciones amplias se pueden crear zonas diferentes en el falso techo. Es muy decorativo hacer hornacinas de diferentes formas o elementos que sobresalgan para crear diferentes alturas y agrupar varios focos, como muestra la fotografía. En cocinas, salones, comedores, o en dormitorios y vestidores, los ambientes ganan protagonismo.

Zonas oscuras.
Librerías, armarios y despensas no pueden quedar a oscuras; eso sí, conviene que su iluminación sea independiente, ya que, normalmente, sólo se utilizarán cuando haya que consultar un libro, vestirse o cocinar.

Ahorro de energía.
Las bombillas de bajo consumo son más caras que las incandescentes, pero ahorran hasta un 80% de energía y duran ocho veces más, por lo que se amortizan. Se recomiendan en estancias con iluminación prolongada —cocina—, pero no para uso puntual —baño y zonas de paso—, porque al encenderse consumen mucha energía y se gastan antes.
Más información:
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