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    La maleta que no hay que cargar

    Se llama Hop y utiliza el sistema de conectividad Bluetooth. Lo único que hace falta es meter el teléfono móvil en el bolsillo de tu chaqueta y los bultos te siguen allí donde vayas. Ideal para personas mayores o frágiles, que ya no tendrán que llegar sudando a la puerta de embarque ni tendrán que pedir ayuda constantemente a desconocidos. ¿Imaginan un aeropuerto lleno de maletas sueltas pululando alrededor de sus dueños? Lo mismo es un paisaje habitual en 2020. 



    Más ventajas importantes: la maleta avisa a su propietario cuando está perdida. Traducido: que tu teléfono vibra de manera especial en el mismo momento en que la red Bluetooth pierde conectividad. Correr por los interminables pasillos de un gran aeropuerto internacional para coger el vuelo a tiempo ahora será mucho más sencillo, ya que no hará falta cargar con nada. Ahora sólo falta que consigan que el Bluetooth obligue a la maleta a saltar desde el suelo hasta el compartimento superior de los aviones.

    Aquí podéis ver un vídeo de cómo funciona esta maleta revolucionaria.  Entre los fans célebres de este avance en comodidad para viajeros frecuentes se encuentra Veronica Stoddart (redactora jefe de la sección de viajes de USA Today) o las revistas especializadas The Gadling y Wired. El diario en Internet The Huffington Post considera que esta patente será tan decisiva como la de las maletas con ruedas que ahora llevan la mayoría de los viajeros. También destacan que el sistema de localización es muy seguro, ya que está basado en tres receptores que constantemente triangulan la posición del bulto y del dueño.

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    No estamos ante el primer prototipo de bulto que no se carga. También existe la llamada maleta-robot,  inventada por el diseñador de consolas Ben Heck. Se presentó en marzo de 2012 y está inspirada en R2D2, de la saga "La Guerra de Las Galaxias". Funciona con un transmisor que te permite acelerar o decelerar la velocidad de tu equipaje.

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    El principal problema es que solo alcanza un radio de seis metros, lo cual tampoco es muy grave, ya que nadie querría que sus maletas estuvieran más lejos de eso. Tampoco hay que volverse loco con los botones: una vez tocas el asa  con la mano el mecanismo se desactiva y vuelve a ser tu maleta de toda la vida.