A sus setenta y un años, Vivienne Isabel Swire, más conocida como Vivienne Westwood, sigue siendo una de las grandes figuras vivas de la moda. La diseñadora británica, que nació en Derbyshire en 1941, está considerada como el mayor icono (y principal responsable) de las estéticas punk y new wave.
Irreverente, iconoclasta, provocadora e inconformista, su pueblo natal pronto se le quedó pequeño, y se trasladó a Londres para estudiar arte. A pincipios de los años setenta conoció a Malcom McLaren, que se convertiría en su pareja, y con quien fundó la tienda Let it Rock, un lugar en el que la música y la moda iban de la mano, y que durante años fue la cuna de la vanguardia londinense.
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Tres años después la rebautizaron con el nombre de Sex, en honor a los Sex Pistols, creadores de una nueva tendencia musical de la que Westwood era la reina: el punk. Y es que la anarquía y la excentricidad eran los pilares de las prendas que diseñaba.
En ellas, el cuero, la goma, las cremalleras y las hebillas se mezclaban con las tachuelas, los pinchos y hasta elementos tomados del sadomasoquismo y el bondage, creando una estética totalmente nueva que revolucionó el panorama de la moda.
Más de tres décadas siendo una visionaria, y sabiendo interpretar la cultura urbana la han colocado en un lugar de honor dentro del reino de la moda: se la considera una de las diseñadoras más originales e influyentes.
El tartán, los zapatos de plataforma y el aire político que da a algunas de sus colecciones son algunos de sus rasgos más personales.
Según afirma, el objetivo de sus diseños es “hacer que los pobres parezcan ricos y los ricos parezcan pobres”. Además, sin duda alguna, una de sus mayores fuentes de inspiración es la provocación a todos los niveles, algo que ha heredado de ella su hijo Joseph, fundador de la firma de lencería y fragancias Agent Provocateur.



