¿El lujo nos separa del país que visitamos?

John Vlahides, colaborador habitual de Lonely Planet,  quiere quitar la mala reputación a los viajes de lujo. Para ello ha escrito un texto donde expone su experiencia de décadas dando vueltas al mundo. "Muchos amigos creen que si te alojas en buen hotel tu estancia pierde autenticidad, yo pienso que no siempre es así. Depende de la personalidad de cada uno", afirma.


Aislante frente al miedo

Para cimentar su tesis, se remonta a los orígenes de los viajes organizados, a finales del siglo XIX. Los primeros cruceros usaron camarotes profusamente decorados, con chimeneas y candelabros, para que su enriquecida clientela se sintiera como en casa y perdiera el miedo a las tormentas en alta mar.

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También destacaban los bares de a bordo, ampliamente surtidos de champán y licores de alta gradación. Si el océano estaba agitado, la autenticidad del viaje se sentía plenamente, porque había riesgo para las vidas, aunque los pasajeros quisieran suprimirlo a toda costa. Por muy acomodado que estés nadie se libra del peligro inherente a visitar otros países (en la mayoría ser rico te expone más a los robos y agresiones, como es sabido).

Regla de oro

Vlahides también recuerda que muchas veces los hoteles más caros son los que más se esfuerzan por reflejar el espíritu de la zona que visitamos. Pone como ejemplos los riad de Marruecos, las villas de la Toscana en Italia o los chateaus de Borgoña en Francia. "Mi regla de oro es que si estás en un hotel que podrías encontrar en cualquier sitio, debes cambiar de hotel", comparte. El periodista, especializado en lujo, nunca reserva habitación en establecimientos de grandes cadenas, a no ser que cada establecimiento haga simbiosis con el municipio donde se construye. Se considera un "flashpacker": alguien que rechaza extras superficiales (un mayordomo que te abra las gafas junto a la piscina), pero gasta generosamente en los que adora (almohadas con plumas de ganso). "El truco está en saber escoger", resume.

Descansar para disfrutar

El argumento de peso lo deja para el final: dormir en hoteles de mala muerte impide a cualquiera disfrutar del país que visita. Cuando viajas por África, pongamos a una región sin agua corriente, prescindir de ese privilegio no te acerca más a la gente que te rodea. Dormir en un colchón incómodo te pone de mal humor, saboteando la comunicación con el resto de seres humanos.

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Beber un licor de alta calidad reduce el riesgo de resaca al día siguiente. "El lujo funciona como todo en la vida: no es un problema en sí mismo, sino que depende de administrar la dosis adecuada. Después de paseo extennuante por la Gran Muralla, disfrutará más Pekín quien se haya dado un baño caliente, buena cena y ocho horas de sueño reparador