7 claves para organizar una fiesta memorable

7 claves para organizar una fiesta memorable

Termina el año, una vez más, y nos zambullimos casi sin darnos cuenta en una época de reuniones, despedidas momentáneas e idealizados arranques de año. Y sobre todos ellos reinan el espíritu de la autodestrucción y la pulsión de muerte. Él y no otro es el que nos impulsa a repetir, año tras año, los mismos viejos rituales que nos sitúan al borde del despido, del divorcio o del vegetarianismo. El final del año es una época de oscuridad tanto en el cielo como en el corazón.

Por eso, porque los cuerpos y las almas lo piden y porque, aunque sea de vez en cuando, hay que devolver a la vida y los amigos parte de lo que nos dan, es hora de organizar nuestra propia fiesta y recordarles por qué sois mejores invitados que anfitriones. Pero eso no significa que no podamos dar un pequeño toque de personalidad a nuestro festejo y hacer que, aunque no sea perfecta, que para eso ya hay otros, al menos sí sea una fiesta memorable. Los caminos de la memoria a veces son crueles.
 

1. El tema

Una cosa fundamental en esta vida es saber el lugar que ocupamos en ella. Unos han nacido para organizar fiestas perfectas, arrastrar masas tras de sí a un descampado de la M-41 o conseguir vestir de burlesque a la alta burguesía catalana. Otros no, y si intentásemos por ejemplo hacer una fiesta universitaria americana acabaríamos con la mitad de los invitados con una sabana estampada en lo alto a modo de toga y la otra mitad con minifaldas y fregonas en la mano diciendo que van de animadora. Y por supuesto todas las féminas en sus casas.

Pero que no sea grandiosa en términos organizativos no significa que no pueda ser memorable. Descartada la posibilidad de hacerla sin tema, porque a estas alturas un botellón más no va a hacer que nuestras neuronas muevan un solo axón, es mejor ir a lo que todo el mundo en el fondo quiere, tanto para una fiesta como para la vida o la pareja: algo cómodo, económico y manchable. Nuestra sugerencia, que no la única que aglutina esas ventajas, es una fiesta de jerseys navideños como los de la imagen. Todo el mundo tiene uno, tienen un toque pop/kitsh/irónico con el que contentarás a tus invitados femeninos/gays/modernos, en el fondo no quedan nada mal, te ahorras tener que poner la calefacción y puedes dejar abierta la ventana para que ventile y, sobre todo, dejamos abierta la puerta al abrazo de la mujer española, que no es un jersey pero es tope invernal.

Amigos, yo he estado ahí y cuando me sacaron arañé las paredes más que durante la cesárea. Never forget.

2. El sitio

De igual manera, a unos les saldrá de manera  natural el hacer fiestas en refugios nucleares o alquilar el ático de Montse Ferrusola, pero a ti, no. Y aunque seguramente tienes como yo tatuado en el alma "cualquier casa es buena para una fiesta menos la mía", por una vez en la vida hay que dar en vez de tomar y adoptando las medidas necesarias tu casa no tiene por qué acabar como el camerino de Pío García-Escudero tras una sesión especialmente intensa en el Senado. La primera decisión es mudarte al día siguiente.

Si no puedes, mala suerte, pero hay otras. Vacía el salón, quita absolutamente todos los muebles excepto una mesa para las bebidas, no dejes ni sillas: cualquier asiento es el Comienzo de la Bajona. Si se cansan que se aguanten, quieres un 'Danzad, danzad, malditos', no un 'Mar adentro'. Todo lo que hayas quitado del salón puedes usarlo para bloquear tu dormitorio y dejar sólo tres habitaciones disponibles: el susodicho salón, la cocina donde debes segurarte de que haya permanentemente una mujer gallega cerca de la fregona y una canaria de las bebidas, y el baño por razones higiénicas, que os conozco.

Y yo personalmente prohibiría fumar pero si eres débil puedes habilitar el cuarto de tu compañero de piso como fumadero. Él te lo agradecerá: jamás gente tan interesante había visto sus poemas ilustrados.

3. La comida

Ah, las ensaladas de pasta, esos recuerdos de Erasmus con los que Davide il ragazzo maraviglia asombraba a esas dos hermanas tan saladas de Puente Tocinos. Pues olvídate.

Primero, porque no eres Davide y te va a salir un engrudo de pasta marca blanca con salchichas marca blanca y aceitunas negras marca blanca. Y segundo, porque cualquier cosa que necesite un cubierto para ser llevado a la boca no es classy. Si algo he aprendido de mis años de presentaciones en La Capitá es que cualquier cosa, lo que sea, metido en una tartaleta o una de esas cucharas blancas de degustación, impresiona el doble y cuesta la mitad hacerlo. Y además el hojaldre llena mucho, como tiene aire...

Así que revisa tus estantes, junta todo lo que sea freíble, mezclable o calentable, mételo en una tartaleta y échale mayonesa. Et voilà! Una cosa menos. Acuérdate de no comerlo.

4. La bebida

Un tema conflictivo, a pesar de que a todo dios le guste churrar. Como cóctel estrella, ése del que haces dos vasos pero cuya fama llega a todos los invitados, sugerimos el ruso blanco: es dulce, de nombre evocador, tiene un guiño cinéfilo que el pesado de tu amigo de audiovisuales no dejará pasar, fácil de preparar y tan divertidamente indigesto que es muy probable que los que lo prueben acaben reinterpretando contra su voluntad una escena de 'Alien'.

Pero para lo importante, que es intoxicarse, hay que recurrir a lo grueso. La cerveza es barata pero empacha y bajonea, el vino de cartón es realmente divertido y recomendable si tienes madrileños de extrarradio o vascos (les recordará a esos calimochos que se bebían con 11 años justo antes de matar perros y perder la virginidad en una lavandería industrial) pero su olor no se irá en tres meses; el gin tonic es correcto pero aburrido y el ron es lo que había en los vasos de la Fiesta de Despedida del Templo del Sol. Mi sugerencia: compra dos botellas de ron y tres ollas de calimocho, cuando se acabe e ron habrán perdido los escrúpulos y acabarán bebiéndose lo que sea. Lo. Que. Sea.

5. La música

Presumir de hacerte tú mismo las playlists de tu fiesta es como no tener chófer y decir que es que te gusta conducir: de pobres. Hay gente con mucho más tiempo que tú que ya ha recopilado en miles de playlists temáticas toda la música que quieres que suene en tu fiesta, úsalos, son todos ésos que tienen un triángulo o un cuadrado color pastel como foto de perfil en Facebook. Además, a partir de la hora y media nadie está escuchando: deja que Dreamer Mariola haga el trabajo sucio.

Y por supuesto, dispara a cualquiera que intente poner una canción o un vídeo de YouTube. El único al que debes autorizar a hacer esto es a tu primo al que tu tía te ha obligado a invitar. Los estímulos luminosos le mantendrán alejado de los demás invitados y en algún momento, cuando se gire y vea que dos amigas están riendo y moviéndose de manera más o menos rítmica, se creerá Pitbull en su yate. Y amigo, eso es algo que ni 50 sesiones de logopedia pueden igualar.

6. Las drogas

Estamos totalmente en contra de cualquier droga aparte del alcohol. Los corrillos, los paseítos al baño o el momento en que a ese amigo de Jerez pierde los (pocos) resquicios de decencia que le quedaban y empieza a manipular encima de la mesita del recibidor nos producen la mayor de las bajonacas.

El alcohol es una droga que es legal y barata; divertida en primera instancia y depresiva en última, factores ambos que arrojan mujeres de baja autoestima a brazos necesitados; siempre da lugar a alguna pelea y viene en botellas. Además, es social y se toma socializando, no como esas que hacen que la gente vea dragones y se oculte en su propio mundo hablando con unicornios de colores. Porque eso es lo que hacen las drogas, ¿no?

7. El final

Echar a tus invitados siempre deja una sensación amarga y además es considerablemente más difícil de lo que parece. La manera más sencilla de quitarte la imagen de cortarrollos es convertirlo en un juego, como cuando Mary Poppins engañaba a los niños para que hicieran su trabajo. Y el nombre del juego es "se ha acabado el X".

Ese X puede ser hielo, bebida, shawarmas o sal Maldón: el caso es que consigas empujar gente a la calle con la esperanza de que la fiesta renacerá de sus cenizas gracias a ellos transfigurados en héroes. Cuando todos los equipos tengan su misión asignada y estén en la calle en busca de un chino que no existe, es cuando tú bajas los plomos de la luz para que no suene el timbre y te encierras en tu cuarto hasta el lunes. Que haya una mujer esperando en la cama es algo que habrá dependido de tu encanto, tu conversación y tu habilidad a la hora de echar ceniza en los cubatas.

Buena suerte, compañero ;)

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