Alivia tu garganta

Su inflamación es muy frecuente, sobre todo entre niños y jóvenes, aunque es posible librarse de ella.

Alivia tu garganta

Normalmente, el dolor de garganta se debe a una infección por virus o bacterias. Anidan en las amígdalas –que son una barrera defensiva del organismo– y allí se instalan, provocando ese dolor que se empieza a notar cuando tragamos. Precisamente esa molestia proviene de una faringitis o una amigdalitis, es decir, de una infección que se advierte enseguida por el enrojecimiento o por la formación de placas de pus en esa zona. Una prueba que puede hacer el mismo paciente es tocarse debajo de la mandíbula, porque por lo general esos ganglios aparecen inflamados.

Si hay esas placas y la fiebre es alta, conviene consultar al médico. No suele provocar más complicaciones que las locales aunque, en ocasiones, la infección pasa al oído provocando una otitis verdaderamente dolorosa.

También puede provocar una sinusitis, que es la inflamación de la mucosa que tapiza los senos paranasales. Esos senos necesitan que haya un drenaje suficiente gracias a los pelillos –cilios– que mueven la mucosidad interna. Si el drenaje no es suficiente, o si se traslada al seno una infección próxima, surge la sinusitis. Y puede decirse que, en muchos casos, la sinusitis se produce tras una infección catarral o de garganta.

El aire acondicionado seca
Los propios médicos especialistas señalan que las amigdalitis y faringitis son mucho más frecuentes cuando el organismo se somete al choque del aire acondicionado, es decir, cuando se pasa de los grados de la calle a los del interior refrigerado de forma brusca. También hay que tener en cuenta que el aire acondicionado refrigera por convección y extrae la humedad ambiental. El aire acondicionado, no sólo enfría, sino que también seca. Y esa sequedad que no solemos compensar reseca e irrita nuestras mucosas y prepara el escenario para que resulte más fácil la infección.

La diferencia de temperatura es vital
No es la primera vez que una infección se asocia al frío, aunque el causante sea un virus o una bacteria. ¿Qué relación puede tener uno de esos microorganismos con el frío? Muchas; y desde luego en la cultura popular está asimilado. Prueba de ello es que un catarro –que también está producido por un virus (hay más de 200 virus que pueden causarlo)– suele llamarse popularmente “resfriado”. Está fuera de duda que el frío favorece la difusión de los agentes patógenos. El virus de la gripe, por ejemplo, se contagia mejor a temperaturas inferiores a cinco grados y escasa humedad. Por eso, en verano no suele haberla. Además, el frío hace que esos agentes sean más estables y, sobre todo, que puedan permanecer más tiempo en circulación. Por otra parte, modifica las mucosas y hace que su difusión sea más sencilla. Por si fuera poco, con bajas temperaturas solemos estar más tiempo en locales cerrados y posiblemente más agrupados. Y eso facilita la transmisión.

Es muy fácil contagiarse
Como toda infección de este tipo, se trasmite de persona a persona a través de las pequeñas partículas que expulsamos al hablar, al toser, al estornudar, etc. Si se tapa la boca con la mano, puede quedar el virus en ella y contagiar al dársela a otra persona. También si se estornuda sobre cualquier superficie, el virus puede permanecer en ella durante un tiempo (de 24 a 48 horas en superficies no porosas y hasta doce horas en ropa, papel o pañuelos desechables). Un muchacho que estornude ante un pupitre puede contagiar a quien una hora más tarde ocupe el mismo lugar. Así que una de las medidas mas aconsejables es, además de beber muchos líquidos, lavarse las manos con frecuencia.

Extirpar las amígdalas
Hace años era práctica común “operar de las anginas”, es decir, extirpar las amígdalas. Hoy hay otro criterio y la conveniencia de extirparlas o no debe estar presidida por el consejo del especialista. Suele recomendarlo cuando la infección se hace crónica o es excesivamente frecuente y, sobre todo, si cuando se inflama su tamaño es excesivo y llega a comprometer una buena oxigenación

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