Azzedine Alaïa, un genio que va por libre

Tunecino de nacimiento y parisino de adopción, Azzedine Alaïa es uno de esos grandes creadores que se hicieron a sí mismos, y que, a pesar del éxito cosechado a lo largo de los años (o, tal vez, gracias a él), no se deja dominar por las presiones del sector o los exigentes calendarios del mundo de la moda. En lugar de presentar una nueva colección por temporada, lo hace a su ritmo. Cuando tiene algo que presentar, lo hace: en julio del año pasado, Alaia presentó su primer desfile en siete años, con el que, por cierto, consiguió un tremendo éxito.

El diseñador Azzedine Alaïa.

Nacido en la capital de Túnez en 1939, desde muy joven mostró una gran pasión por las artes. Estudió escultura en la Escuela de Bellas Artes de Túnez, y a los 18 años se mudo a París, donde trabajó con algunas de las firmas más importantes del momento, entre ellas Christian Dior o Thierry Mugler. A mediados de los años setenta decidió abrir su primer taller en su apartamento, desde donde creó maravillosos trajes para todo tipo de personalidades, que iban desde Marie-Hélene de Rothschild a la diva del cine Greta Garbo.

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Su popularidad siguió in crescendo, y en 1980 presentó su primera colección de prêt à porter. Una de sus obras con más repercusión fue el vestido de novia de la top model Stephanie Seymour, que le costó alrededor de mil seiscientas horas de trabajo. Sus diseños, cuidadísimos y representativos de un lujo exquisito, seducen a todo tipo de personalidades de todos los sectores: desde la gurú de la moda Carine Roitfeld a Michelle Obama, pasando por Penélope Cruz, Charlize Theron o las estrellas del pop Lady Gaga y Katy Perry.

Lady Gaga con un diseño de Alta Costura de Alaïa.

Según las malas lenguas, es tímido, retraído y muy lejos de la figura de divo que representan muchos otros diseñadores. Uno de los mejores ejemplos es que hace cuatro años rechazó el premio más prestigioso de Francia, la Legion d’Honneur, que le iba a entregar Sarkozy. ¿Su motivo? “La gente cree que no lo acepté porque no me gusta Sarkozy, pero es ridículo. No lo hice porque no me gustan los adornos, excepto en las mujeres. Un vestido mío sobre el cuerpo de una mujer, ése es un bonito adorno”. Alaïa dixit.