Doña Tota, la madre del fútbol argentino

Cuando hace menos de un año Dalma Salvadora Franco falleció a los 81 años de edad, el mundo de fútbol guardó un minuto de silencio. Doña Tota, como se la conocía, era la madre de Diego Armando Maradona, considerado por muchos el mejor futbolista que ha dado el fútbol argentino. Madre de ocho hijos y una luchadora incansable, era la única capaz de hacer que el Pelusa se centrase un poco. Así que cuando ella se fue, toda Argentina lloró su pérdida y se sucedieron los mensajes de condolencia. Era como si se hubiese ido la madre del fútbol argentino.

La familia Maradona

Maradona siempre ha sido y sigue siendo un personaje controvertido. Nadie cuestiona su valía como futbolista, pero sus excesos dentro y fuera del campo le han marcado siempre como un díscolo. En su carrera ha tocado la gloria, pero también ha caído a los infiernos. Y tanto en un estado como en el otro, ahí estaba siempre doña Tota para intentar (dentro de lo posible) controlar a su hijo y apoyarle.

Lo de Maradona con su madre fue una historia especial. El Pelusa, al que dicen que ella apodó así porque nació un tanto pelón, sentía verdadera devoción por su progenitora. Tanto, que cuando esta cayó enferma en los últimos momentos de su vida, el jugador argentino se tatuó la leyenda “Tota te amo” en la espalda. Toda una declaración de amor. Una más, porque Diego Armando Maradona y sus siete hermanos adoraban a su madre. Siempre estaba allí para ellos. Ya fuese para darles un tirón de orejas o una palmadita en la espalda.

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Al morir, el fútbol lloró su marcha y la homenajeó sin tregua. Minutos de silencio, pancartas en las gradas y condolencias hasta de la presidenta, Cristina Fernández. Los medios también se volcaron con la noticia. Y es que doña Tota era toda una institución en su país. No en vano, ella dio la vida a su mejor jugador.

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Una muestra del amor que Maradona sentía hacia su madre fue la carta que le dedicó al morir. Tras una larga retahíla de agradecimientos a todos aquellos que mostraron respeto hacia su madre, el Pelusa concluía su declaración así: “Se fue mi novia, mi reina, pero en mi corazón late su nombre. ¡Te amo, Tota! Para toda la vida. ¡Nos vemos en el cielo, mamá!”.