Maureen Shea, la verdadera ‘Million Dollar Baby’

La vida de Maureen Shea parece escrita por un guionista de Hollywood en muchos sentidos. No solo ha coqueteado en varias ocasiones con el séptimo arte, sino que desde que nació casi tenía todas las papeletas para convertirse en un personaje de película. Conocida como la verdadera ‘Million Dollar Baby’, Shea ejerció durante meses de ‘sparring’ para Hilary Swank cuando esta preparaba su personaje de Maggie Fitzgerald, aquel a las órdenes de Clint Eastwood que le valió su segundo Oscar.
Maureen Shea

Sabido el papel que Shea jugó en el entrenamiento de Hilary Swank para la película de Eastwood, no es de extrañar que la boxeadora sea conocida en el mundillo como la verdadera ‘Million Dollar Baby’. Cuentan que fue Héctor Roca, el propio entrenador de Shea, quien la propuso como ‘sparring’ cuando se pusieron en contacto con él para ayudar a Swank a meterse en el papel.

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Pero la relación de Shea con el cine no se limita a esta anécdota, sino que también ha participado en un documental que lleva por título Girl in the Ring. Dirigido por Jill Morley, este trabajo se adentra en el mundo del boxeo femenino contando la historia de tres mujeres que hicieron del ring su refugio personal. Entre esas historias narradas en primera persona se encuentra la de Maureen Shea, una mujer maltratada por la vida que se halló a sí misma cuando subió al cuadrilátero por primera vez.

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Ha sido la propia Shea quien ha reconocido en varias entrevistas que el boxeo le salvó la vida. Nacida en 1981, por las venas de esta neoyorquina criada en el Bronx circula sangre irlandesa y mejicana. Su padre, ahora retirado, llevaba su casa con la mano de hierro que necesitaba en su trabajo como detective del NYPD. Su madre, de origen mexicano, se ganaba la vida como personal de una línea aérea. A la sombra de una educación férrea, Shea reconoce la importancia que sus padres y sus orígenes han tenido en su vida.

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¿Cómo y por qué acabó en el cuadrilátero? Fue en la lona donde se refugió de una relación abusiva con un exnovio que la maltrataba durante su adolescencia. Peleando se descubrió a sí misma, aprendió a defenderse y valorarse y dio carpetazo a esa malsana relación que la estaba carcomiendo por dentro y por fuera. Muy pronto demostró su habilidad con los puños y ahora no concibe la vida sin pelear. Y eso que todo empezó como una forma de perder peso y aprender a defenderse.