Obligar a los niños a hacer deporte, ¿sí o no?

La eterna pregunta. El médico, el profesor, los abuelos, los amigos, el carnicero, la tendera de la esquina… Todo el mundo repite una y otra vez, como una cantinela aprendida, que el deporte es bueno para los niños. Y, sí, lo es, pero en su justa medida y teniendo en cuenta que los pequeños tienen sus propios gustos y preferencias, pero también sus necesidades y habilidades. No resulta un buen criterio que lo haga menganito o fulanito a la hora de decantarse por un deporte u otro. Como tampoco lo es apuntarles a fútbol o kárate (por poner dos ejemplos) y desentenderse después de cómo les va. Obligarles a hacer un deporte que ni les gusta ni se les da bien puede ser contraproducente y hacer que le cojan manía. La idea es que lo disfruten y aprovechen, no que pasen un mal rato.

Niños corriendo

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Los beneficios físicos de que un niño practique un deporte y haga ejercicio son incuestionables, pero a veces los padres se olvidan del aspecto psicológico y emocional. Marianela Vargas, Psicóloga Educativa, explica que “los papás son muy dados a que los niños elijan el deporte que quieren hacer, fundamentalmente bajo el criterio que lo hace fulanito y menganito. Luego se apuntan y no les gusta”. Para evitar precisamente esto, ella es de la opinión de que “son los padres los que deben elegir el deporte que más conviene a sus hijos, pero valorando sus necesidades y capacidades”. Eso sí, también hay que hacer un seguimiento de cómo le va al niño con ese deporte y si realmente lo está disfrutando.

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“Si al niño no le atrae para nada el fútbol, no se le da bien y le apuntas para que corra y haga ejercicio, lo único que haces es crearle un conflicto emocional porque no es bueno en ese deporte y se reirán de el. Así, baja la autoestima del niño y se siente mal. Por tanto, elegir los papas el deporte, pero viendo lo que le gusta y puede funcionar con su hijo”, relata Vargas. Añade, además, que estos casos son más propios de niños de tres a cinco años. Pasado este umbral, los pequeños suelen tener gustos más definidos y es más fácil valorar con ellos qué deporte quieren practicar.

Por su parte, Natalia Ortega, Psicóloga Infanto-Juvenil de Activa Psicología y Formación, va un poco más allá y explica que “es importante que los deportes generen confianza en el niño y le aporten seguridad. Ello beneficiará el que aumente la autoestima del menor. Del mismo modo, deben generar unas expectativas acordes a su edad y a su capacidad, y que sean realistas, ya que de lo contrario pueden provocar frustración, una baja motivación, y consecuentemente, un posible fracaso en esa actividad”.

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En cuanto a la conveniencia de forzar o no a un niño a que haga deporte, Ortega es de la misma opinión que Vargas. “No es recomendable que se les fuerce a realizar un deporte que no les guste o se les de mal, sobretodo, cuando existe tanta oferta deportiva. Esta situación puede provocar que el niño anticipe mucha ansiedad e inseguridad antes de realizar esa actividad, por lo que la realización de ese deporte lejos de aportarle beneficios puede provocarle mucho malestar. Del mismo modo, su autoestima disminuirá, y la capacidad de disfrutar de la actividad”.

Por último, un consejo para todos aquellos padres (que los hay) que intentan ver cumplidos sus sueños deportivos frustrados en sus hijos. Si esto se da, “el niño puede entrar en una lucha interna entre el sacrificio que le supone ese deporte y la necesidad de complacer al padre”, apunta Ortega. “No es positivo que proyectemos lo que no hemos conseguido en los niños”. Lo que hay que hacer es “fomentar sus capacidades y reforzar sus logros, respetando su individualidad”, sentencia.