¿Sabías que la expresión juego limpio fue cosa de Shakespeare?

Apelar al ‘juego limpio’ es un requisito indispensable cuando se acerca un encuentro de máxima tensión. Se escucha sobre todo en los prolegómenos de un partido de fútbol entre eternos rivales, donde los contendientes se juegan algo más que tres puntos. O después de una entrada muy fea o un episodio de violencia en el terreno de juego. Sin embargo, la filosofía del ‘juego limpio’ no es exclusiva del fútbol, sino que abarca con sus brazos al deporte en general, siendo indiferente el tipo o nivel de profesionalidad de quienes lo practican. No es solo una forma de entender y practicar el deporte, es algo más. Es una forma de vida.



El International Fair Play Comittee ha buceado en los orígenes de esta expresión y asegura que la primera noticia que se tiene de ella data de 1597, cuando William Shakespeare la grabó en su obra King John. Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX cuando este dueto de palabras –Fair Play, en inglés– fue extrapolado al mundo del deporte y se fue extendiendo por la sociedad inglesa como un ideal educativo y deportivo.

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En una sociedad como la británica del siglo XIX el ‘juego limpio’ se convirtió en el espíritu que debía regir a los deportistas, dentro y fuera de sus actividades. Años después y animado por aquellos precursores, el Barón Pierre de Coubertin apadrinó el espíritu al fundar los Juegos Olímpicos como los conocemos hoy en día. Este “visionario francés”, como lo definen desde el International Fair Play Comittee, se apropió de aquellos valores promulgados por los ingleses haciéndoles llegar a todo el mundo. Desde entonces el espíritu olímpico ha ido siempre ligado al del ‘Fair Play’.

Hablar de ‘juego limpio’ es hablar de limpieza, honradez, respeto a las reglas y a los rivales en el deporte, pero ¿qué es realmente? ¿Cuáles son esos valores que promueve dentro y fuera del terreno deportivo? Ambas preguntas se responden con la enumeración de esos valores y/o normas de comportamiento que rigen el código de conducta del deportista limpio. Estos serían, según el propio Comité: respeto a uno mismo y a los otros, amistad, espíritu de equipo, competición limpia, deporte sin dopaje, respeto a las reglas escritas y no escritas, igualdad, integridad, solidaridad, tolerancia, cuidado y diversión. Estos valores edifican el ‘juego limpio’ y dignifican al deportista.

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Todos los deportes se rigen por este código de conducta, al que se apela siempre que hay un hecho que daña la imagen de algún deportista por sus salidas de tono o comportamientos reprobables. Ahora, con los Juegos Olímpicos a la vuelta de la esquina, se oirá mucho hablar de él. El movimiento es tan importante, que hasta hay premios al ‘juego limpio’ a nivel nacional e internacional. Identificar los gestos de Fair Play es fácil. Una pista, lo de saludar al contrario antes y después de los partidos viene de ahí.