Pintalabios y chupetes

¿Cómo serán mis hijos en el futuro?

Cuando me quedé embarazada por primera vez, tenía al menos dos millones de preguntas que hacerme ¡y nueve meses dan para hacérmelas todas! ¿Se parecerá más a mí o al papá? ¿Heredará mis manías o la poca paciencia de él? ¿Tendrá el mentón elevado como la familia de su padre, o bien la tendencia a ganar kilitos como la de su madre?

Quizá la más importante de todas es ¿mi hijo o hija va a disfrutar de buena salud? Cuando nacen, los vemos evolucionar, desarrollarse, despuntar con el carácter de uno o de otro. Está claro que cada uno de los progenitores aporta la mitad de los genes, pero los millones de combinaciones posibles hacen del resultado algo completamente fuera de control.

Los avances científicos y médicos hacen, en estos tiempos, que la incertidumbre sea menor: ya existen empresas que ofrecen análisis genéticos a partir de una muestra tan inocua como la saliva. Por un monto aproximado de 100 dólares (unos 70 euros) por cada miembro de la familia, podemos realizar un mapa de la herencia inscrita en los genes. Sin embargo, me surge una duda: quiero saber más, pero ¿me gustará lo que averigüe?

Porque, más allá de satisfacer la curiosidad (¿cuánto de la familia de él está en mi hija?, ¿cuánto de la mía?), el test puede entregar otra información: qué genes defectuosos del pasado han llegado a nuestros hijos. Después de algunas semanas, recibes en casa la lista fatal de datos y cuadros estadísticos que cubren prácticamente todas las variables humanas: desde la forma de los meñiques a la tendencia a perder el cabello. Y, además, todas las enfermedades posibles.

¿Cuántas amenazas a su salud están escritas en sus genes a través de las generaciones anteriores?

Sin embargo, también puede ser muy positivo: por ejemplo, descubrir la compatibilidad inmunológica entre hermanos, que podría suponer que, en el futuro, pudieran donarse órganos entre ellos en caso de necesidad. Sin embargo, la empresa que vende estos análisis asume que solo llega a estudiar un porcentaje pequeño (alrededor del 10%) de las variables genéticas presentes en las personas. Las posibilidades combinatorias de los genes son demasiado amplias y desconocidas aún.

Así, teniendo en cuenta que uno de estos estudios no puede determinar el futuro de nadie, ¿podrá servir al menos para encararlo mejor informados?