Burberry: la revolución del trench

En 1856, con sólo veintiún años, Thomas Burberry, aprendiz de un pañero, abrió una pequeña tienda de ropa en su ciudad natal, Basingstoke. En catorce años, ya era la tienda favorita de la gente más influyente de la región, gracias a sus diseños exclusivos y a la calidad de sus prendas. Su mayor icono, copiado y reproducido hasta la saciedad, fue el Tielocken, más conocido como trench coat o gabardina, que en sus inicios, fue concebida como una prenda militar: el abrigo de “entretiempo” de los oficiales del ejército británico.

Tienda Burberry de Basingstoke, Inglaterra.

Se cuenta que para darle el especial tratamiento que hace que sea resistente al agua y al viento, Thomas Burberry utilizó un truco que descubrió gracias a un pastor de su ciudad, cuya chaqueta era impermeable gracias a un producto que utilizaba en el baño de sus ovejas. ¿Realidad o mito?

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Burberry registró la patente del trench coat (o “abrigo de trincheras”), y tuvo la exclusiva de su fabricación durante la primera parte del siglo XX. Sus detalles son parte del archivo histórico de la firma: anillas metálicas en forma de D, hombreras, forro con estampado de tartán y un cinturón. El logo de la firma, un hombre a caballo con un estandarte que reza “prorsum”, que apareció en 1904, bordado en la pechera, es otro de los signos distintivos.

Anuncio del Tielocken, la mítica gabardina.

En 1891, la firma abrió otra tienda en Haymarket, Londres, que hoy en día es el cuartel general de Burberry, y años después, en 1911, comenzó una serie de curiosas colaboraciones con exploradores y aventureros.

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En este año, Burberry se convirtió en el proveedor de ropa para la expedición del primer hombre que alcanzó el Polo Sur, y en 1914, en el de los primeros exploradores que intentaron cruzar la Antártida. Con la llegada de Christopher Bailey (el actual director creativo) a la empresa, Burberry, que siempre se había asociado con el clasicismo inglés, se convirtió en una de las marcas de mayor tendencia.