Carolina Herrera, el estilo venezolano

María Carolina Josefina Pacanins y Niño (más conocida como Carolina Herrera), nació en Caracas en 1939, en una familia acomodada. Desde muy pequeña, cuando jugaba con sus perros, montaba a caballo y representaba a la perfección el papel de niña de la alta sociedad, su familia le inculcó, por una parte, el gusto por el lujo, el arte y la alta costura, y, por otra, la convicción de que sólo a base de disciplina y pasión conseguiría llegar adonde se propusiera.

Con sólo trece años, su abuela la llevó a París para asistir a un desfile de Balenciaga, y ahí descubrió su gran pasión, pero no la desarrolló hasta cumplidos los cuarenta años, cuando Diana Vreeland, de Vogue, y su amigo el conde Rudi Crespi la convencieron para que dejara salir su creatividad.

Retrato de Carolina Herrera, por Andy Warhol.

Fruto de su matrimonio con el marqués Reinaldo Herrera tuvo cuatro hijas, de las cuales la pequeña, Adriana, es tanto su musa como su mayor colaboradora. “Mi hija Adriana representa a la perfección la mujer de mis líneas: joven, elegante, con un estilo propio y una personalidad increíble”, afirma la diseñadora.

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A principios de los años ochenta decidió dar el salto a la ciudad de Nueva York, y no tardaría mucho en conquistar al público norteamericano. El empujón definitivo lo tuvo cuando diseñó el vestido de novia de la hija mayor de John Fitzgerald Kennedy. Su madre, Jacqueline Kennedy, fue otra de sus mayores fans: a menudo se la podía ver en eventos oficiales vestida con diseños de la venezolana.

Su estilo se centra en la perfecta conjunción del amor por el lujo y la elegancia sin caer en los excesos, con una exquisita sencillez que impregna a sus diseños con su elegancia innata y su gran estilo. En sus cerca de treinta años como diseñadora y fundadora de una de las firmas más representativas del lujo moderno, ha conseguido que su firma se encuentre entre las de mayor éxito en los Estados Unidos, Europa y Sudamérica.



Carolina Herrera está considerada como una de las mujeres más elegantes y mejor vestidas del mundo
. Su secreto: hay que aprender a cambiar de edad, las mujeres tienen que vestirse acorde con sus años. “Nada más triste que estar vestida de niñita y no ser una niña”, afirma.