Cuando la fiesta la pone Ágatha Ruíz de la Prada

Corazones gigantes, margaritas de molde, estrellas con picos imposibles, soles y lunas, aros, pianos, jualas de pájaros, caramelos, faldas pelota, trajes caja o vestidos paraguas... Y mucho color. Diseños con un toque pop y optimista con los que Ágatha Ruíz de la Prada lleva treinta años pisando pasarelas. Explotando una estética que igual viste vajillas que ministras o el árbol de Navidad de la Puerta del Sol. Ese ha sido su mayor acierto. Y su peor enemigo de cara a la crítica espacializada.

Agatha Ruiz de la Prada. Madrid. EFE

Lo indiscutible es que, ayer, la alta costura la sirvieron modistos como Roberto Verino o Ángel Schlesser pero la fiesta la puso ella. La diseñadora celebró en la Mercedes Benz Fashion Week Madrid sus tres décadas como creadora con un desfile en el que repasó toda su carrera. Una puesta en escena con la meta de revisitar sus clásicos y la atmósfera de Alicia en el País de las maravillas, en la cabeza.

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Su front row –esa primer fila reservada para famosos– congregó ayer el mayor número de rostros conocidos de la jornada. Y su colección fue la que más aplausos recibió en todo el día, con un público entregado. "Son mis grandes éxitos, desde mi punto de vista son mis 30 mejores trajes reinterpretados en el 2012", aseguraba a la prensa minutos antes de salir a escena. Sus grandes hits “intelectuales pero no comerciales”. Y es que ninguno de ellos saldrá a la venta. Esta vez se trataba de reivindicar su marca.

Hija de un famoso arquitecto coleccionista de arte y de una aristócrata catalana, Ágatha sigue experimentando con los materiales. La seda en todas sus texturas, charol, tejidos sintéticos, lentejuelas, pelo o cartón. En los colores, también ha querido ser fiel a sí misma, llenando el ambiente de todos los tonos de rosa posible, azul celeste y eléctrico, verde esmeralda y pistacho, naranja y amarillo flúor o rojo intenso…

No decepcionó a nadie y llevó a la MBFWM lo que se esperaba de ella. Y dejó patente porque su trayectoria no se ha limitado a confeccionar ropa. Su visión comercial ha hecho que su sello llegue a sillas, baldosas, aguas de colonia, velas, vajillas, lámparas, sofás, portadas de libros, pijamas, sábanas, cuadernos y lápices o habitaciones de hotel. Algo que hace que el trabajo de Ágatha Ruiz de Prada, guste más o menos, tenga un personalidad propia. Y tirón popular.