Errores a evitar en su educación

El amor y las buenas intenciones no evitan que a veces nos equivoquemos al educar a los hijos. Los errores pueden ayudar si encontramos el modo de convertirlos en aciertos.

Errores a evitar en su educación

El error: No ponerle límites
Así acertarás

  • – No claudiques ante sus rabietas.
    Si algo no te gusta, házselo saber, y si se enfada y llora, permítele desahogarse, pero sin dar tu brazo a torcer. Si realmente se comporta mal, llévale aparte unos minutos o retírale algún privilegio.
  • – No pretendas ser su amigo.
    Él te necesita como madre o como padre. Esto implica prohibiciones que le disgustarán, pero que en el fondo te agradecerá: los niños quieren que sus padres no esquiven los conflictos y se involucren.
  • – No lo razones todo.
    Ni tampoco apeles demasiado a su razonamiento (¿no lo entiendes?). En general es bueno explicarle el porqué de las normas (le resultará más fácil hacerte caso), pero también habrá situaciones en las que deberá obedecer sin más.
El error: Sobreprotegerle
Así acertarás
  • – Espera antes de ayudarle.
    Piensa si de verdad necesita tu ayuda o puede hacerlo por sí solo, aunque le cueste. Si le dejas intentarlo y lo logra, aumentará su autoestima. Así, además, mejoran los problemas del sueño: si durante el día el niño supera momentos difíciles, también lo hará por la noche.
  • – Acepta su independencia.
    A todos nos gusta sentirnos útiles, a los niños también. Puede que sigas viendo a tu hijo como tu pequeñín indefenso. Reflexiona un momento si te resistes a darle más autonomía: si es así y te das cuenta, podrás optar por otra actitud.
  • – Habla con tu pareja.
    Normalmente hay un miembro de la pareja que da más autonomía al niño o tiene distinta percepción del peligro (suele ser papá). Hablad del tema: la visión de uno servirá como empujón al otro.
El error: Perder los estribos
Así acertarás
  • – Analiza qué te hace estallar.
    Quizá vayas acumulando enfados hasta que explotas; si es así, corrige al niño a tiempo. O quizás se deba a que tienes demasiado trabajo, a que hay tensiones de pareja... Busca remedios que no afecten a tu hijo.
  • – Reconoce las señales de la tormenta.
    Hay signos que te avisan de que vas a perder los estribos: alterarte a la mínima, verlo todo negro… Si aparecen, actúa cuanto antes: pide ayuda, organiza una escapada con tu pareja...
  • – Habla con tu hijo tras el altercado.
    “Lo siento” es una frase muy útil en el vocabulario de cualquier padre. Y cuando la utilizas con tu hijo, le enseñas que los adultos también se equivocan y que rectificar es de sabios.
El error: Criticarle demasiado
Así acertarás
  • – Evita criticarle si actúa sin mala idea.
    Generalmente, los niños actúan movidos por su afán innato por explorar. Así, la trastada de un bebé cuando se quita el pañal y embadurna la pared refleja falta de madurez, más que un deseo de hacer algo malo.
  • – Critica su conducta, no a él mismo.
    Es mejor decir “pegar no está bien” en vez de “no haces más que pegar, qué malo eres”. Así siente que le quieres, que te gusta cómo es y que lo que no apruebas es lo que ha hecho.
  • – No le elogies por todo.
    Hacerlo le lleva a depender de la aprobación externa. El niño está motivado para intentar cosas por sí solo. Si las logra, se siente orgulloso y compartir con él esta vivencia es el mejor elogio. Para encontrar el equilibrio, aplica esta regla: una crítica por tres elogios.
El error: No considerar su edad
Así acertarás
  • – Obsérvale.
    Y reflexiona sobre lo que es capaz de dar y hacer según su edad y su carácter. Si tienes dudas, consulta con tu pareja, con otros padres o en libros.
  • – Respeta sus retrocesos.
    Casi todos los niños sufren alguna regresión en cosas que ya tenían superadas debido a tensiones (como la llegada de un hermanito) o a la adquisición de un aprendizaje. Si tu hijo vuelve a hacerse pis cuando ya controlaba los esfínteres, acepta la situación y exígele menos temporalmente.
  • – Evita ser demasiado condescendiente.
    Retrocesos aparte, su autonomía aumentará con el tiempo. Es bueno que tus expectativas sobre sus avances (usar el váter, comer con cuchara...) vayan siendo mayores cada vez.

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