La evolución de la risa del niño: de los 6 a los 18 meses

Nuestros hijos no nacen riendo. Las primeras sonrisas son actos reflejos, por lo tanto esto supone un aprendizaje que puede empezar a partir de los 6 meses.

La evolución de la risa del niño: de los 6 a los 18 meses

De sonreír a reír
Las primeras sonrisas del recién nacido no están relacionadas con el sentido del humor, son actos reflejos y la semilla de una forma muy especial que tiene de comunicarse con los padres.

A partir del primer mes, esta sonrisa comienza a ser más social (por ejemplo, se ríe al escuchar tu voz), pero no es hasta que el bebé desarrolla habilidades cognitivas más complejas cuando aparece el sentido del humor: “No hay una regla exacta para todos los bebés, pero por lo general están preparados a partir de los seis meses”, asegura el profesor Franzini.

Después, cada mes que pase, tu hijo irá moldeando y perfeccionando esta habilidad hasta convertirse en un auténtico cómico, porque la infancia es la etapa más risueña de la vida: como media, los niños se ríen entre 330 y 400 veces al día, mientras que los adultos sólo lo hacemos 20 o 30 veces.

  • A partir de 6 meses. A esta edad la risa se desencadena por el juego físico: soplarle en la tripita, hacerle cosquillas en los piececitos… Pero debes tener cuidado de no sobreestimular a tu hijo, porque cuando los niños son tan pequeños todavía están aprendiendo a controlar sus emociones y pueden pasar de la risa a la histeria muy rápidamente.
  • A partir de 9 meses. Es ahora cuando algo cambia en su sentido del humor: tu pequeñín es capaz de entender algo más del mundo que le rodea y, por tanto, de hacer asociaciones (de ahí que ya entienda bien las rutinas; por ejemplo, después del baño es hora de dormir). Pues bien, cuando en el juego no seguimos sus expectativas y añadimos un elemento sorpresa, literalmente se parte de risa. El ejemplo más claro es el “cucú-tras tras”. Tu hijo espera que cuando retires las manos hayas desaparecido, pero todavía estás ahí y esto es de lo más divertido.
  • A partir de 18 meses. La movilidad juega un papel fundamental. Una vez que empiece a andar, le encantará ser el centro de atención. Y nada mejor para conseguirlo que haciendo alguna “trastada o payasada”: tirar una cuchara al suelo repetidamente, salir corriendo cuando le llamas… Como el lenguaje todavía no está desarrollado, el humor sigue teniendo un componente físico muy importante y también visual; de ahí que, por ejemplo, le haga gracia que el perro mueva la cola o que tú finjas un tropezón o le pongas muecas.

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