Fast Food: ¿por qué nos gusta tanto?

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El fast food o la comida basura tiene como característica principal un escaso aporte de proteínas, vitaminas, minerales, fibras, hierro y calcio. Además, incorpora una larga lista de aditivos químicos, como el benzoato de sodio (un conservante presente en mermeladas, salsas, etc...) o colorantes artificiales como el E110 (de color naranja, presente en helados y caramelos), E102 (amarillo, lo contienen algunas galletas y sopas de sobre), E122 (tiene un tono frambuesa, está prohibido en los países nórdicos)... entre otros.

“La proporción de nutrientes de este tipo de alimentos diseñados para gustar y vender no es la adecuada ya que liberan mucha energía debido a su alto contenido en carbohidratos (hidratos de carbono, glúcidos o almidones) aportando muy escasos nutrientes. A cambio, logran un buen precio, color y sabor mediante el añadido de saborizantes y colorantes artificiales”, afirma Graciela Moreira, nutricionista miembro de la Asociación Nacional de Dietistas y Nutricionistas.

¿Por qué nos hacen sentir bien?

Es culpa de los polisacáridos de fácil digestión (son azúcares complejos, como el almidón), provocan una subida rápida del nivel de glucosa en sangre y generan sensación de satisfacción. ¿A que te sientes muy bien después de una ración de patatas fritas bien aderezadas? Claro, tiene mucho almidón, por no hablar del azúcar presente en salsas como el ketchup, salsa rosa...

Las autoridades han metido mano en el delicado campo del fast food y hemos apreciado algunos cambios. En 2006, por ejemplo, el Ministerio de Sanidad y Consumo se querelló contra una importante empresa americana por anunciar una de sus hamburguesas de tamaño XXL, ya que este tipo de publicidad iba en contra de la estrategia del ministerio a favor de una alimentación saludable. Ahora en casi todas las cadenas de comida rápida puedes encontrar los menús de siempre y, además, ensaladas como alternativa a las patatas fritas para acompañar el plato principal y compensar la ingesta de calorías.

Los efectos secundarios que provoca este tipo de comida, además de elevar el peso, el colesterol y la tensión (lo comprobó en primera persona el director de Super Size Me Morgan Spurlock que comió durante un mes, tres veces al día, en una hamburguesería) van más allá. De hecho, un estudio publicado en el British Medical of Nutrition demostró que las madres que ingieren comida basura durante el embarazo perjudican al feto, ya que el exceso de azúcar o sal llega al gestante a través del líquido amniótico y le provocan exceso de peso.

Sustitúyelos por alimentos más sanos

No hace falta llegar al extremo de dejar de consumir alimentos que nos gustan, sino únicamente tomarlos ocasionalmente e incluir en nuestra dieta diaria otros que no tengan efectos nocivos sobre nuestra salud y peso. Los nutricionistas ofrecen alternativas sanas y recomiendan además, en el caso de tomar hidratos de carbono, hacerlo siempre antes de las 6 de la tarde, para que tengamos tiempo de quemarlos antes de irnos a la cama.
  • Las Hamburguesas, patatas y refrescos con gas. Por : Hamburguesa de ternera, comprada en carnicería, patata cocida y agua.
  • Las Patatas fritas, snacks, galletas saldas. Por : Frutos secos (almendras, avellanas), pepinillos o fruta troceada.
  • La Bollería industrial rica en azúcares, batidos. Por: Postres caseros, chocolate negro 100% cacao y leches desnatada.