Fauna Cibeles: la moda es dura y también cansa

Cuando un ajeno al mundo de la moda entra en la Mercedes-Benz Fashion Week, lo primero que le sorprende, por inmediato y obvio, es la fauna que se congrega alrededor de pasarelas, showrooms y salas para blogueros. Mucha aspirante a fashionista, jovencito arribista vestido con sus mejores galas, madres adineradas –o pareciendo serlo- y modelos tipo espagueti son el grueso del público que se ha acercado estos días a la anteriormente conocida como Pasarela Cibeles.


Pero no sólo hay visitantes y profesionales de la moda, también está presente, por supuesto, la prensa. Atrincherada en una sala donde los sitios ya tienen nombre –clases siempre ha habido y el periodismo no podía ser menos-, la mayoría se deja los cuernos en el ordenador, aunque también las hay que aprovechan para hacer relaciones públicas acicaladas como si fueran a la recepción del embajador.

Menos mal que si no te dejan hueco en la sala de prensa, hay un amplio espacio para los blogueros. Allí cuatro gatos –¿dónde trabajan las decenas de aspirantes a editores de moda? ¿Desde sus casas?- y un servidor aprovechábamos un lugar  diáfano y multifunción para hacer nuestro trabajo. “¿Quieres una cerveza?”, me pregunta la azafata encargada de la sala. Hospitalidad sin límites, aunque sean sólo las 12 del mediodía.

Sala en Cibeles


Al ser sábado, el Cibelespacio está a tope. Decenas de post adolescentes hacen cola para que un grafitero les haga una bolsa de tela personalizada en el stand de una conocida revista. Son las publicaciones de moda las que tienen mayor presencia en la feria: allí las revistas te las quitan de las manos, aunque no sean del mes que toca.

Grupitos de chicas han venido con sus mejores outfits para la ocasión: llevan seis meses esperándolo. Se hacen fotos en todas partes: posan como las modelos que quisieran ser en cualquier rincón de Ifema. Muchas acaban decepcionadas: en un stand de una bebida alcohólica se someten al juicio de un espejo que les pone nota del estilismo en público. Tú y yo lo sabíamos: la moda es dura.

Quizá uno de los lugares más interesantes sea el showroom de los jóvenes diseñadores: el Ego aprovecha la cita para hacer su agosto. Mucho curioso con la tarjeta vacía, pero también gente dispuesta a comprar. Saben que una prenda de estos creadores -ahora sin nombre- podría ser en un futuro una pieza de algún grande de la cita cibelina. Los hoy reconocidos Davidelfin, Carlos Díez o María Escoté empezaron así.

Camiseta con leyenda


Y llegamos al plato fuerte: la pasarela. La prensa tiene sitio siempre, pero los asistentes han de hacer colas eternas para hacerse con un hueco en la grada del público. Para un outsider del mundillo resulta excitante ver en primera fila los desfiles: el paso decidido de las modelos, todas ellas muy delgadas –y eso que la tele engorda-, la música estratosférica, los flashes de las cámaras –que vienen de todas partes-, las celebrities venidas a menos agolpadas en el front row, buscando sus minutos de gloria en los programas matinales de la pequeña pantalla.

Sólo una pega: demasiada gente en un espacio demasiado reducido. Y es que en la tele todo parece más grande. Por supuesto, las primeras filas están reservadas para la prensa de primera categoría –revistas de moda, teles y periódicos nacionales-. El resto nos agolpamos como podemos para ver un espectáculo que la mayoría de las veces es un bonito golpe de efecto.

Las modelos hacen espectaculares unas prendas que todos podemos ver en las tiendas low cost que se reproducen por esporas en las grandes avenidas de las ciudades. Sólo unos pocos diseñadores se atreven a ofrecer algo distinto. Son estos desfiles los que más se disfrutan: se puede decir que acercan la aguja al mundo del arte. Despiertan en el público rabiosos aplausos o caras de máxima desaprobación.

Cibeles, perdón, la Mercedes-Benz Fashion Week es, en resumen, una experiencia necesaria para aproximarse al mundillo de la moda. A lo que se cuece y a cómo lo cuecen sus excéntricos protagonistas. Cero pegas y un diez a la organización. Eso sí: para la próxima edición póngales menos tacón a las chicas. No van a ganar para fisioterapeutas. Y es que la moda, aunque no lo parezca, también cansa. Yo estoy hecho polvo y ni siquiera he desfilado.

Por Mario Díaz López