Hepatitis B: un virus muy contagioso

Hepatitis B: un virus muy contagiosoHepatitis B: un virus muy contagioso
© Thinkstock

La hepatitis B es causada por un virus que provoca lesiones inflamatorias del hígado. El contagio se produce sobre todo por vía sexual, pero también por vía sanguínea (agujas contaminadas —en particular, en el caso de los toxicómanos—, durante la realización de tatuajes o piercings...), y con menor frecuencia de la madre al hijo en el parto. El virus es muy contagioso, 100 veces más que el VIH. Según la Organización Mundial de la Salud, se estima que existen en todo el mundo 350 millones de portadores del virus. Las zonas de alta endemicidad (zonas en las que la enfermedad está muy presente) se concentran principalmente en el continente africano y el Sudeste Asiático.

Unos síntomas no siempre perceptibles

En los dos tercios de los casos, la hepatitis B pasa desapercibida. El diagnóstico se realiza con ocasión de un análisis rutinario o a consecuencia de una fatiga sin causa conocida.

Al igual que el resto de hepatitis, los síntomas —cuando se presentan— comprenden fatiga, dolor de cabeza, dolores abdominales, náuseas, anorexia, e ictericia (coloración amarillenta de la piel) unos dos meses después del contacto con el virus. En este caso, el paciente tiene la piel y los ojos amarillos y la orina es poco abundante y oscura. Los análisis biológicos revelan un aumento considerable de las enzimas hepáticas (transaminasas). La pérdida de peso puede ser significativa.

En ocasiones (menos de 1 de cada 100), el inicio es mucho más violento: se trata de la hepatitis fulminante, que da lugar a pérdida de conciencia e inicio del coma. Es una urgencia vital.

Con independencia de si la hepatitis se manifiesta o no, 9 de cada 10 pacientes logra curarse, mientras que 1 de cada 10 desarrolla una hepatitis crónica. En estos casos, la inflamación del hígado continúa de forma poco perceptible. El mayor riesgo es desarrollar a largo plazo una cirrosis y, posteriormente, una insuficiencia hepática o un cáncer de hígado potencialmente mortal.

Además, el paciente sigue siendo portador del virus. Por tanto, resulta contagioso para sus allegados, quienes deben tomar cierto número de medidas de precaución: no compartir los artículos del aseo, protegerse al mantener relaciones sexuales, etc.

¿Cuál es el tratamiento?

La hepatitis B aguda no dispone de tratamiento específico. El paciente deberá interrumpir el consumo de alcohol y de medicamentos que puedan resultar tóxicos para el hígado. En caso de contagio por vía sexual, hay que comprobar si existen otras ETS asociadas, y, en su caso, proceder a su tratamiento.

Actualmente, disponemos de dos tipos principales de medicamentos: el interferón pegilado y los antivirales de nueva generación: el entecavir y el tenofovir (un comprimido por día). Los antivirales tradicionales (la lamivudina y el adefovir) presentan dos grandes ventajas: son más eficaces frente al virus y casi no comportan problemas de resistencia. Aunque no existe cura para la hepatitis B, tales tratamientos resultan eficaces en dos tercios de los pacientes. La replicación del virus también se interrumpe, así como la evolución de la enfermedad, lo que impide que se desarrollen posibles complicaciones graves. El tratamiento debe tomarse a largo plazo.

Más vale prevenir que curar

Lo fundamental es prevenir la hepatitis B: relaciones sexuales con protección, uso de agujas esterilizadas para las inyecciones...

Los profesionales de la salud, que pueden contagiarse a través del contacto con agujas contaminadas, reciben vacunación de forma sistemática. A una persona no inmunizada que haya estado en contacto con el virus se le prescribirán inmunoglobulinas y una vacuna.

En España, los programas de vacunación universal en recién nacidos y/o adolescentes se han implementado con gran éxito de cobertura en todas las comunidades autónomas desde los años 90.

Hace algunos años se planteó una posible relación entre la vacuna de la hepatitis B y la esclerosis múltiple. Finalmente, El Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas, órgano creado por la OMS, concluyó que no existía asociación entre la administración de la vacuna contra la hepatitis B y la esclerosis múltiple.

Dra. C. Bouchet

Más información:
Las principales vacunas
Las enfermedades infantiles más frecuentes
La hepatitis C en 10 preguntas