Hepatitis en los niños

La hepatitis provoca la inflamación del hígado provocando síntomas como la astenia, inapetencia, náuseas o fiebre. Hay que tener en cuenta varios consejos para poder prevenirla.

Hepatitis en los niños

¿En qué consiste?
La hepatitis es una inflamación del hígado que está ocasionada principalmente por un virus, aunque también puede ser causada por otros factores, como bacterias, fármacos o agentes tóxicos, e incluso puede tener un origen autoinmune. Puede ser aguda o crónica. Las hepatitis más frecuentes son las de origen viral.

¿Cuántas clases hay y cómo es cada una?
Se han descubierto seis tipos de virus. Las de tipo A y B son bastante frecuentes en la infancia. Afectan a los niños de forma leve y, por lo general, no dejan secuelas, pero con la B hay una alta posibilidad de infección crónica. También existen virus de tipo C, D, E y G. Por su parte, la hepatitis D (llamada Delta) es muy rara, solamente afecta a personas portadoras del virus B.

¿Se vacuna a los niños al nacer?
Sí, para evitar el contagio de las hepatitis de origen infeccioso, como la A y la B (estas vacunas son muy efectivas). Contra el tipo C aún no hay vacuna. La de la hepatitis B está incluida en el calendario oficial. La primera dosis se pone al poco de nacer, en la maternidad, y las siguientes a los 2 y a los 6 meses. Otra pauta puede ser a los 2, a los 4 y a los 6 meses. Los niños de 11 a 14 años no vacunados pueden hacerlo en tres dosis (0, 1 y 6 meses). Los pediatras recomiendan también la vacunación contra la hepatitis A (desde los 12 meses) en zonas con brotes epidémicos, con altas tasas de enfermedad o en poblaciones marginales con riesgo de transmisión de la infección.

¿De qué modo se manifiesta?
Las manifestaciones clínicas iniciales de todas las hepatitis suelen ser muy similares, pero la evolución varía según el agente causal. Los síntomas duran una o dos semanas. En las hepatitis de la infancia es habitual la astenia, la inapetencia, las náuseas, los vómitos, el malestar general y la fiebre. La ictericia (coloración amarilla de las conjuntivas de los ojos y de la piel) es característica de la hepatitis y suele durar dos o tres semanas, pero puede prolongarse un mes y medio (aunque la fiebre y el malestar general desaparecen). También puede surgir dolor abdominal, coloración oscura de la orina y heces blanquecinas. Conviene saber que hay niños con hepatitis que no presentan síntomas.

¿Se contagia?
Todas son muy contagiosas. La A se contagia por vía fecal-oral (por falta de higiene o al ingerir agua o frutas y verduras regadas con materia fecal). En el caso de la B y la C el contagio es por vía parenteral (agujas, piercings contaminados..), por vía sexual y, en ocasiones, por vía transfusional. Hoy las probabilidades de infección son muy bajas gracias a la profilaxis, que pasa por una correcta desinfección de aparatos e instrumental quirúrgico y la utilización de jeringas y agujas de un solo uso. También es posible infectarse al comer marisco crudo o al bañarse en una piscina poco tratada.

¿Cómo se hace el diagnóstico?
Todas son muy contagiosas. La A se contagia por vía fecal-oral (por falta de higiene o al ingerir agua o frutas y verduras regadas con materia fecal). En el caso de la B y la C el contagio es por vía parenteral (agujas, piercings contaminados..), por vía sexual y, en ocasiones, por vía transfusional. Hoy las probabilidades de infección son muy bajas gracias a la profilaxis, que pasa por una correcta desinfección de aparatos e instrumental quirúrgico y la utilización de jeringas y agujas de un solo uso. También es posible infectarse al comer marisco crudo o al bañarse en una piscina poco tratada.

¿Hay que hospitalizar?
Sólo cuando las hepatitis sean fulminantes y en algunas hepatitis crónicas, ya que afectan al funcionamiento del hígado y ello puede llevar a requerir un trasplante. También cuando se observan sangrados por varices esófago-gástricas, cuando hay una alteración en el estado de alerta (bien porque el niño esté irritable y falto de concentración o porque esté somnoliento), si hay un bajo nivel de glucosa en sangre o si el niño vomita, sin tolerar ningún alimento o bebida por vía oral.

¿Y cómo se trata?
Generalmente, las de tipo viral B y C se tratan con fármacos que pueden llegar a inactivar en un 60% el virus. Pero conviene vigilar periódicamente al afectado, ya que las que no se curan pasan a ser crónicas y requieren un control permanente. Debes saber que el virus es bastante resistente a condiciones ambientales como el calor e incluso el frío. La principal medida para ayudar a combatir las hepatitis, especialmente la A, es la higiene. En otro nivel, hay que evitar las comidas muy grasas y picantes, para disminuir los trastornos gastrointestinales que esta enfermedad provoca, beber frecuentemente (son recomendables los líquidos azucarados) y hacer reposo.

¿Hay formas de prevenir?
Además de con vacunas hay que estar alerta, porque el calor favorece la proliferación de los virus de la enfermedad. En general, los hábitos sanos de alimentación e higiene son la mejor medida preventiva. En el caso de la A, se puede frenar el contagio con una inyección de inmunoglobulina en las dos semanas posteriores a la exposición.

¿Qué pronóstico tiene?
El 98% de los niños con hepatitis A evolucionan favorablemente y se recuperan sin ninguna secuela. En las de tipo B, el pronóstico también es bueno y las complicaciones, como hepatitis crónica, fulminante, cirrosis hepática o hepatocarcinoma (tumor maligno en el hígado), afectan sólo a un 10% de los pacientes. Y es que, hoy en día, la rápida detección de este tipo de enfermedades ha mejorado su tratamiento. Por último, en los casos más graves, la cirugía y el trasplante hepático ofrecen todas las garantías de recuperación.

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