Los nuevos planes de Ferrán Adriá

Cuando cerró El Bulli, los mejores cocineros y gourmets internacionales lo llamaron "el fin de una época". Nadie sabe si Ferrán Adriá, estrella internacional de la cocina, será capaz de superarse. Lo que está claro es que va a intentarlo. Ya se ha puesto 2014 como fecha de apertura de El Bulli Foundation, donde él y su equipo intentarán reinventar lo conseguido en veinticnco años de trabajo.


Mutación culinaria

El famoso cocinero desveló sus planes en un evento público, patrocinado por la principal compañía telefónica en nuestro país. "Nunca pensamos que el Bulli estaba cerrando, sino que se teníamos que transformarlo", recuerda.  Hace poco admitió que había pensado en vender el restaurante, pero  finalmente decidió que su legado merecía mantenerse de alguna forma.

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Sus nuevos planes consisten en crear el laboratorio culinario más innovador del mundo. Para ello necesita un equipo de treinta personas, de las quince ya están contratadas. El primer paso es el edificio del restaurante. Quieren convertirlo en un complejo autosuficiente, cien por cien ecológico, construido con rocas de las montañas cercanas. Las nuevas dependencias se dividen en cuatro bloques: almacén, talleres, ideario y zona  brainstorming. Los edificios los firma el arquitecto catalán Enrique Ruiz Geli y el estudio Cloud 9.

Museo El Bulli

El municipio gerundense de  Roses, donde está radicado El Bulli, acogerá además un museo con la historia del restaurante, cuyos contenidos quedarán a cargo de los expertos Hans y Marketta Schilling.    El último homenaje tributado a Adriá es un número especial de la revista de artes gráficas Matador. Para quien no lo conozca, la fama de este restaurante de la Costa Brava no cesó de crecer desde su apertura.

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Se llegaron a formar colas de varios meses para degustar sus menús de treinta platos, que incluían delicias insospechadas como nubes de parmesano o caviar de melón. Adriá también era partidario de disfrutar los sabores sencillos, como demostró en el cóctel previo a la boda del Príncipe de Asturias, donde sirvió sencillos guisantes en una cuchara (titulando la tapa "explosión de guisante"). Ahora varios de sus discípulos, entre ellos El Celler de can Roca, triunfan con sus restaurantes en la zona.