Louis Vuitton: el lujo de viajar

En 1835, un jovencísimo Louis Vuitton, con sólo catorce años, dejó su ciudad natal, cerca de la frontera con Suiza, para emprender una nueva vida en París, sin sospechar ni remotamente que llegaría a crear el mayor imperio del lujo del mundo. Provenía de una familia de carpinteros y molineros, lo que le sirvió para realizar todo tipo de trabajos a lo largo de su largo camino hacia la capital que le permitieron pagarse el viaje.

Retrato de Louis Vuitton. © Louis Vuitton Archives.

Dos años después llegó a París, donde empezó a trabajar en el taller de un reputado artesano que fabricaba baúles y artículos para viaje. En aquel entonces la “era de los viajes” estaba empezando: en ese año se inauguró la primera línea de ferrocarril de Francia, y el año siguiente, un barco de vapor europeo haría la primera travesía por el Atlántico sin la ayuda del viento. Era lógico, por tanto, que los viajeros más adinerados demandasen, cada vez más, artículos para llevar su equipaje. Se especializaron en la fabricación a mano de estuches de álamo para transportar los extravagantes trajes de fiesta de la época. Louis Vuitton se convirtió en la estrella del taller de su maestro, y en 1853 ya era el favorito de la emperatriz Eugenia.

1854 fue un año importante para Louis, tanto en el plano personal como en el profesional. Se casó, y con la ayuda de su mujer decidió crear su propia compañía, en la Rue des Capucines parisina (a un tiro de piedra de la Place Vendôme y la futura Opera). Y, además, por primera vez decidió revestir uno de sus baúles con un nuevo material que ofrecía una gran durabilidad y resistencia al agua, una lona exclusiva, gris, que se llamaría Trianon Canvas.

Cuatro años después presentó un nuevo producto: un baúl con tapa plana y estructura de álamo, sobre el que pegó su característica lona gris para hacerlo totalmente resistente al agua. El exterior estaba reforzado con esquinas metálicas, asas y corchetes, y en el interior, una serie de bandejas y compartimentos permitían transportar no sólo prendas, sino todo tipo de accesorios de la forma más cómoda. Acababa de nacer el baúl Vuitton, y, con él, el viaje moderno.

Baúl Louis Vuitton 1869-1871. © Jean Tholance, Donation of the Louis Vuitton Company 1989.

Resultó un éxito inmediato, tanto que el taller de París pronto se quedó pequeño. En 1859 Vuitton trasladó su taller a la ciudad de Asnières, situada estratégicamente en las orillas del Sena y cerca del ferrocarril. Pero el éxito tenía su precio: pronto empezaron a aparecer imitaciones de los baúles Vuitton de dudosa calidad. En 1872, en un esfuerzo por contener a sus imitadores, Louis Vuitton introdujo una banda roja y beige como alternativa a su característico Trianon Canvas, que años después su hijo Georges modificaría, con el diseño que inspiraría la moderna línea Damero.

La lucha contra las falsificaciones es una constante en la historia de Vuitton, que desde el siglo XIX vio la innovación como el camino para vencer a sus imitadores. En 1875 apareció un nuevo baúl, diseñado para abrirse en posición vertical y que escondía en su interior en un lado un pequeño armario con perchas, y en el otro, una serie de cajones.

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Este modelo, el “Wardrobe”, es quizá la más icónica de las creaciones Vuitton. Entre las más curiosas, existen todo tipo de baúles Vuitton para llevar todo lo imaginable: desde una muñeca con todos sus vestidos a una tumbona de playa.


El momento definitivo en la constitución de Louis Vuitton como firma de lujo llegó en 1896, cuando Georges Vuitton, tras semanas buscando una imagen que identificara la marca, creó el mítico Monogram inspirándose en diseños japoneses: un círculo alrededor de una flor de cuatro pétalos, una estrella de cuatro puntas, un diamante de líneas cóncavas con la estrella en negativo en su interior, y las iniciales de su padre. Posiblemente, el logo más copiado del mundo.

Bolso Neverfull, en Monogram Canvas, uno de los iconos de la firma. © Louis Vuitton.


A  principios del siglo XX la firma había empezado a diseñar nuevos artículos de viaje ligeros y flexibles, como el “Steamer bag” o el “Keepall”, todo un icono hasta el día de hoy, y “ancestros” de los bolsos de mano. Al mismo tiempo, extendió su actividad a Londres y Estados Unidos, donde las estrellas de Hollywood (como Ginger Rogers, Cary Grant, Marlene Dietrich o Lauren Bacall) y las familias más influyentes (como los Rockefeller o los Vanderbilt) convirtieron los artículos de viaje de Vuitton en sus objetos de deseo.

En 1912 Georges Vuitton ordenó la construcción de un elegante edificio estilo Art Nouveau en los Campos Elíseos, que desde su inauguración dos años después hasta hoy se convirtió en la casa madre de la firma. Año tras año la compañía siguió innovando y extendiendo su actividad, y en 1998 se metió de lleno en el mundo de la moda diseñando prêt à porter, zapatos, accesorios y joyería con la llegada de un nuevo director artístico que le daría una vuelta de rosca a la firma sin perder su identidad: Marc Jacobs. En 2012, a punto de cumplir 160 años, Louis Vuitton es, sin duda, el paradigma del lujo moderno.

 Bául diseñado para llevar una muñeca con todo su vestuario. © Jean Tholance.