Por qué las mujeres se acuestan con el Ché, pero se casan con un señor con un coche grande

Por qué las mujeres se acuestan con el Ché, pero se casan con un señor con un coche grande

Estás en la treintena o acercándote a toda velocidad y estabas a punto de entender a las mujeres. Básicamente aplicabas instintivamente el truco de las dos colas que me contó @JoannaNolast (la infiltrada que te cuenta como desactivar sus peores actos terroristas). Todas ellas tienen dos colas, como en los parques temáticos, en una, que va despacito, esperan los del turno normal que van pasando a la montaña rusa cuando toca (si toca) y en otra están los del pase express, que para cada mujer tiene una tipología o varias: malotes, guarretes, vendedores de lavadoras, indianajones, poetas… Sólo tienes que encontrar la que se adapte a tu Fedora o a tus endecasílabos y viviréis felices un ratito.

[Relacionado: Ellos también fingen]

Pero resulta que justo ahora acabas de llegar a la edad en la que mágicamente tu estatus mujeril se ha dado la vuelta como un calcetín y ya no entiendes nada: o empiezas a apestar o empiezas a ajustar bien. Y siempre te había pasado lo contrario. Tu cabraloquez ya no llena pistas. Tu nariz ganchuda ya sólo es un pequeño obstáculo físico para enrollarte. Ahora, el carguillo que ocupas en el Ministerio bien podría resultar un tratamiento de belleza mejor que el bótox, la radiofrecuencia, la toxina botulínica y el ácido hialurónico. Yo nunca he visto cómo funcionan todas esas cosas, la verdad, pero sí sé el efecto que hace una oposición a notarías en Valladolid. El cuento de hadas masculino no va de príncipes y princesas, es el del patito feo convertido en un cisne con la hipoteca casi pagada que ha estado esperando su turno y ahora sí que sí.

No, tú no has cambiado, es su reloj biológico el que les susurra cosas al oído, como el de Michael Knight. Probablemente las mismas cosas, porque aquél era un reloj muy sensato y muy conservador. Es verdad que su rollo biológico cada vez atrasa más, pero sigue funcionando.

[Relacionado: Sexo con un ex, ¿acierto o error?]

Ahora anda por los 32 años la media de edad de las mujeres que se quitan los piercings para que no se les enreden en el vestido de merengue y para que no les mire mal el cura. Y por los 35 la de los hombres que se encadenan a dos frases: un día de “sí quiero” y toda una vida del perverso “me han dado la noche libre” que marcará la relación con sus amigotes de ahí en adelante.

Me duele reconocerlo, pero el entrañable troglodita de mi ex jefe tenía algo de razón cuando decía que ellas se acuestan con el Ché Guevara, pero eligen luego un señor con un coche grande para casarse. Como yo no tengo ni carné de conducir, me han pasado las dos cosas: que te quiero mucho pero me voy con este señor con coche y que te quiero mucho, así que te voy a convertir en un señor con coche. Y que deje de radiografiar los escotes por las calles en cuanto llega la primavera. Hasta ahí podíamos llegar. Pues vas, y llegas.

Todo esto tiene otra lectura, claro. Si eres un desalmado, te aprovechas del pánico de ellas a que les pase, no sé, lo que piensen que les va a pasar si no encuentran ya un marido. Claro que a mí los desalmados me dan ternurita. Quitando a los sicópatas puros de corazón, lo normal es que cualquiera se pueda convertir en un desalmado una de esas noches en que ellas estaban tan guapas a la luz de tu propio miedo a quedarte solo para siempre.

[Relacionado: Lo que no debes hacer en una primera cita]

Si detrás de los grandes crímenes de la humanidad siempre encuentras a alguien ganando pasta, detrás de los pequeños crímenes mezquinos contra nosotros mismos no es raro que se oculte un peine lleno de pelos que se te están cayendo demasiado rápido o un pantalón que ya no te abrocha.

Puede que también te interese leer...

- ¿A quién le sienta mejor el biquini? Raica Oliveira vs. Malena Costa, una brasileña y una española sobre la pasarela.

- Esto es lo que piensa de ti según la vía de comunicación empleada para pedirle una segunda cita.

- ¿Encontraremos un hueco entre la Eurocopa y los Juegos Olímpicos para hacerles caso a ellas?