Por qué las mujeres se prueban mil vestidos antes de salir (explicado por una de ellas)

Por qué las mujeres se prueban mil vestidos antes de salir (explicado por una de ellas)

Lo odias. Es viernes, estáis listos para salir y tu mente sueña feliz con la cerveza fría y enorme que estás a punto de tomar. Entonces ella lanza LA pregunta: "¿Cómo me queda esto?, ¿estoy guapa?". Tu entrenamiento militar de años luchando en primera línea de batalla te permite reaccionar rápido: "perfecta, guapísima, pibón". Pero no vale.

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Es uno de esos días en los que nada de lo que dices le vale.  Ella se da media vuelta para cambiarse y, mientras tú notas como tu cerveza, sola y desamparada en la terraza del bar, se va calentando y perdiendo toda su espuma, te preguntas: ¿Este vestido que ha dejado en el sofá es lo suficientemente resistente como para estrangularla con él? ¿Y para atarla y arrastrarla hasta el parking?

No te preocupes, te vamos a dar una guía básica de supervivencia en cambios de vestuarios infernales y armarios roperos hostiles que te cambiará la vida. Te prometemos que llegarás a tomarte esa cerveza fría. Al menos, la segunda.

1. Asume tu destino:
si piensas que puedes perderte este momento, es que no conoces nada a las mujeres. Esta tragedia griega es inevitable. Tu chica se va a cambiar de ropa todas las veces que le dé la gana e incluso alguna más si te pones tonto. Hay poco que tú puedas hacer al respecto salvo hacerla creer que es ella quien está decidiendo arreglarse rápido, que por ti no hay prisa. La psicología inversa funciona muy bien aquí siempre y cuando consigas resultar creíble y ocultar tu desesperación, por ejemplo, no haciéndote el harakiri en el salón mientras esperas.

2. Demuestra (o finge) tu amor: todo esto de probarse ropa es culpa de 'Pretty Woman'. Y es que toda mujer de nuestra generación se ha criado con la película de Julia Roberts como referente vital romántico, que hizo que quedase registrado en la memoria ROM de nuestro cerebro para siempre que, si un hombre nos quiere de verdad, le tiene que encantar ver cómo nos probamos ropa.

Y, mal que nos pese a muchas, esta programación mental es la que hace que cualquier película en la que una chica se cambie de ropa varias veces se convierta en un blockbuster absoluto: '27 vestidos', '¿En qué piensan las mujeres?', 'La cosa más dulce'... E incluso 'Toy Story 3', con Ken probándose modelitos delante de Barbie. Si quieres sacar tajada de una de las mayores fantasías eróticas de las mujeres jamás confesadas, memoriza la escena.

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Si eres capaz de simular interés tan bien como Richard Gere, no conseguirás que se vista, pero te espera la noche de sexo guarro y salvaje más brutal de tu vida. De nada.

3. Recuerda la ropa: memoriza dos o tres vestidos que ella tenga y te gusten. Apúntalos en un papel si hace falta y llévalo siempre encima. Elige uno y grítalo alto, claro y con convicción. Esto te ayudará a escapar de tu sesión de Guantánamo textil particular por una noche.

4. Ten criterio: no todo vale. Si dices que siempre está guapa con todo no te va a creer y conseguirás que lo que iba a ser una tarde de domingo en el cine se convierta en una pasarela Cibeles demoníaca. Si crees que algo le queda mal sé valiente y dilo. Mucha suerte, eso sí. Tus amigos te quieren y nunca olvidarán lo que hiciste por el género masculino.

5. La importancia de los gestos:
las mujeres tienden a ofenderse mucho cuando alguien dice esta frase, pero eso no la hace menos cierta: "no importa lo que digáis, sino cómo lo digáis". La actitud y las formas lo son todo en la cabeza de una mujer.

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Pretended que el espectáculo os gusta y os parece sensual y estará lista en menos de lo que va a tardar España en fundirse el dinero del rescate. Pasaos de zafios y acabará saliendo de casa con un jersey de cuello vuelto o incluso no saliendo.

6. Planea el desfile con antelación: si te anticipas a sus deseos y preguntas con antelación qué es lo que pensaba llevar puesto esa noche podrías conseguir, por una vez, llegar a la hora. CUIDADO. No hay precedentes de que un solo hombre heterosexual haya realizado esa pregunta sin que le pusieran una pistola en el pecho, lo que puede llevar a equívocos y darle qué pensar. Si utilizas esta técnica y ves que justo después ella te da a elegir entre dos vestidos: "¿El magenta o el burdeos?",  ¡es una trampa!: falla el color a propósito.

Si sigues los consejos y finges paciencia, atención e interés, una vez lista para salir, estará a punto de caramelo para que entres a Matar: Dile que está arrebatadora con ese vestido, pero que tú en lo único que piensas es en volver a casa y arrancarle la ropa.

Y esta vez sí, chicos. Esta vez sí.


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