Cada vez que os separáis de vuestras parejas sois vosotros los que perdéis en el reparto de discos y libros

Cada vez que os separáis de vuestras parejas sois vosotros los que perdéis en el reparto de discos y libros

Pongamos que mi amiga se llama Delaney. A Delaney lo que le ocurre es que los novios le duran una media de dos años, mes arriba, mes abajo. Dos años no está mal, diréis algunos (sí, vosotros, los de la cola del Nasti). Y no os faltará razón, sobre todo si los pasáis a días y horas, porque a lo tonto abultarán más. Veréis, para mi amiga Delaney que la dejen cada dos años no representa un drama. A estas alturas de la película, Delaney es una experta en quedarse tirada. Para que os hagáis una idea, le tiene tan cogido el tranquillo a ese año de mierda que los psicólogos llaman duelo, que le dura aproximadamente lo que tarda en recorrer la calle San Vicente Ferrer un sábado de madrugada.

El drama de Delaney es otro. Más concretamente, el drama de mi amiga es de índole material. Delaney, como muchos otros tortolitos crédulos en sus horas de subidón amatorio, se pone excesivamente tontorrona y generosa. Que si te presto mis seis temporadas de 'Los Soprano'; que ya me devolverás mi edición especial de 'Lost in Translation'; que no te preocupes, que te quedes hasta que quieras mis obras completas de Lorca; que no seas bobo, anda, que ya me lo devolverás todo la próxima vez que nos veamos. Así, durante dos años. Total, que vas a casa de mi amiga Delaney y se te cae el alma a los pies, porque miras sus estanterías, y nada, ni un catálogo de Ikea, ni un libro de recetas, ni un mísero DVD. Ni siquiera de los que te regalan con el periódico los domingos.

Delaney se niega a pedir de vuelta sus pertenencias.
No se da cuenta de que a sus nuevos dueños, esos malditos bastardos que estaban celebrando el gol de Sergio Ramos segundos después de romperle el corazón, les servirán para dar el jaque mate a sus próximas conquistas. Que Delaney se niegue, por otra parte, es absolutamente comprensible. ¿Qué momento es bueno para hacer un inventario de devoluciones? Ninguno. Nunca se está verdaderamente a salvo de recaer con un ex. Nunca. Por eso, y porque quiero a Delaney y todavía no he visto 'Los Soprano', le he dado algunas vueltas al tema de sus expolios. Y quiero proponeros una cosa: Creemos una empresa que ofrezca estos servicios: devolución de regalos y préstamos de ex. ¡Seamos asépticos y materialistas!

Según lo veo yo, contrataríamos a cuatro o cinco maromos, uno de ellos portero de la sala BUT –para los bastardos reticentes– y todos irían uniformados como Woody Allen en 'Todo lo que usted siempre quiso saber sobre el sexo pero nunca se atrevió a preguntar'. Sería tan bonito... Por un precio a la medida de nuestras paupérrimas posibilidades, ellos se encargarían de contactar con los bastardos o las bastardas, les pedirían que lo tuviesen todo preparado el martes siguiente a las siete, pasarían a recogerlo –sin juicios de valor ni palmaditas, todo muy profesional– nos lo llevarían a casa y basta.
Como el crédito para montar 'Devuélveme la pasta que me debes. S.A.' no me lo van a dar, se me ha ocurrido hacerlo por crowdfunding. La recompensa consistiría en venir a casa de Delaney a ver alguno de sus DVD's y a que la conozcáis. Y si mi amiga os gusta y sucumbís a sus préstamos, no pasa nada. En dos años volveremos a recuperarlo todo.

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