Pequeños detalles de ellas que valen una ruptura

Pequeños detalles de ellas que valen una ruptura

"¿Cómo?, ¿que has cortado con ella? ¿Tú?, ¿con ella? ¡Pero si era perfecta! ¡Y guapa! ¡Y lista! ¿Tú te has visto? No me extraña que siempre estés solo... Y mira, soy tu amiga y te sabes que te quiero pero una cosa te voy a decir: me caes bastante peor sin ella. Los tíos sois la mierda".
 

Amiga que ve en nuestra reciente ruptura la esencia de todos los males.


Amigas. Está bien tenerlas cerca, son como infiltrados en las líneas enemigas, añaden color a las fiestas y huelen mejor que todos tus amigos excepto uno. Pero hay cosas de hombres que ellas nunca entenderán, y de hecho odiarán de ti.

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Quizás es mejor dejarlo así, quizás es mejor no intentar explicárselo. Porque cuando intentas dar motivos de por qué prefieres estar solo a estar con Señorita Perfección puede ser mucho peor.

1. "Es que no me gusta su voz"

La evolución es sabia. Ha inventado la sexualidad para que nuestros hijos sean variados y así tengan más posibilidades de sobrevivir, y nos ha dado testosterona a los hombres para que queramos hacer esos hijos a las mujeres. El problema es que esa testosterona también nos hace querer portarnos como Hulk con Loki una vez terminada la inseminación. Gracias a Dios, la evolución también es sabia para ellas, y para enfrentarlas a nuestras ansias de sangre les ha dado perenne voz infantil, ya tengan 12 años o 75. Es lo que científicamente se conoce como el efecto "¿quién puede matar a Marisol?".

El problema de esta vocecilla es que a veces es... horrible. Y no hablamos de timbre o de tono, que todos pueden ser buenos: hay voces graves como la de Lauren Bacall que nos hacen querer ser liados en papel e incinerados con tal de ser aspirados por esa laringe, y hay voces agudas que despiertan en nuestra alma inmortal el recuerdo de lo que debieron ser los primeros pájaros del paraíso.

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El problema está en las inflexiones, esos pequeños derrapes casi imperceptibles en la onda de sonido que gotean poco a poco sobre nuestro cráneo. Así que cuando, tras tres meses de relación, todo está perfecto pero preferirías atravesarte los tímpanos con una aguja de coser oxidada a volver a escuchar una sola palabra suya, nuestro inconsciente reacciona y finiquita la relación por algo que no puedes explicar. De ahí que lo más fácil sea echarle la culpa a la voz cuando en realidad se trata de algo mucho, muchísimo más importante: la cordura.

2. "Es que es demasiado agradable"

Seguro que en vuestra clase de la carrera o en las de confirmación había alguna de ellas. Son esas chicas que saludan todas las mañanas a los bedeles, preguntan por las vacaciones a las limpiadoras, regalan una magdalena al conductor del 27, se van a la ópera con el Secretario de Estado y cruzan media Europa con un salero en la mochila para la colección de saleros del mundo del hermano del novio de su compañera de piso. Entrañable, ¿verdad? Ahora piensa que es tu novia. ¿Cuánto tiempo tardaría tal despliegue de bondad en hacerte sentir que no te quiere por elección, sino que, como Zoolander, lo hace porque sólo sabe girar hacia el amor?

3. "Es que estuve en su casa y vi una foto de cuando era pequeña"

Recuerdo de la comunión. O del campamento de verano del 98. O de un concierto con la Pequeña Orquesta Colores en las fiestas de Tudela. Ni siquiera hace falta que aparezcan novios ni amigos ni profesores especiales que les ayudaron mucho a elegir carrera. Da igual.

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No queremos saber nada de su vida anterior. ¿Has visto cómo cierran el puño algunas lesbianas cuando te ven entrar en sus discotecas? Es efecto de la testosterona que toman, celos y territorialidad. Y si ellas se ponen así por unos chutes, imagina lo que es tener un flujo continuo y endógeno desde los 12 años, 24 hours party people.

Somos celosos por naturaleza, derecho y omisión, y si hay algo que nos jode no es conocer a antiguas parejas o amantes que las rechazaron. Lo que nos jode por encima de todo es verlas cuando todavía no habían sido de nadie, cuando la nieve no es que no hubiese sido pisada, es que ni siquiera había caído. Y esa foto nos recuerda que no estuvimos ahí, aunque hubiésemos dado cualquier cosa por estar. Y eso duele. Y si encima en la foto salía vestida de ratón y fea, apaga y vámonos.

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