Qué es la piel atópica y cómo se manifiesta en el bebé

La dermatitis atópica es un trastorno muy molesto que se manifiesta con inflamación y picor intenso en la piel. Te damos las claves para ganarle la batalla.

Qué es la piel atópica y cómo se manifiesta en el bebé

Picor, picor y más picor. Ésta es la principal seña de identidad de la dermatitis atópica, una enfermedad benigna pero muy molesta que además de ese síntoma provoca sequedad e hipersensibilidad en la piel, de forma que ésta enrojece, se inflama, se irrita y desescama con facilidad.
Por eso los peques que la padecen suelen rascarse, en ocasiones con fuerza, para mitigar el prurito.

Origen inmunológico
La atopía se manifiesta con periodos de crisis (brotes) y de calma (remisiones) y aunque la enfermedad es de carácter crónico, suele remitir notablemente con la edad.
Puede afectar de forma leve, pero también hay casos muy severos. “No es grave para la salud, aunque puede generar una mala calidad de vida, porque los niños tienen mucho picor, están irritables, no duermen por la noche y les cuesta mucho concentrarse”, explica la doctora Eulalia Baselga, dermatóloga pediátrica de la clínica Dermik y del Hospital de Sant Pau de Barcelona.
“Cuando son un poco más mayores el rascado puede producirles heridas y sangre”, advierte.

Los niños con dermatitis atópica tienen alterado el sistema inmunológico de la piel y el manto lipídico que la recubre y que los protege de la deshidratación y las agresiones externas.
“La inflamación viene producida por una acumulación en la piel de células inmunitarias –los linfocitos– procedentes de la médula ósea.

Estas células se renuevan más rápidamente de lo normal y los lípidos de la superficie cutánea sufren una alteración que provoca pérdida de agua, lo que ocasiona la sequedad”, resume la Dra. Baselga.

Además, recientemente se ha descubierto que cerca del 40% de los niños con esta enfermedad no fabrican filagrina, una proteína de la piel responsable de crear la capa córnea. Por todo ello son más propensos a las infecciones cutáneas (verrugas y moluscos, por ejemplo) y a reacciones extremas en casos de picaduras como las de mosquitos.

Empieza por la carita

Las manchas rojas en la piel son el principal signo externo de que tu hijo puede padecer dermatitis atópica.
“Pero para que un eccema se considere atópico tiene que provocar picor”, insiste la dermatóloga.
“Hay que estar atentos, porque cuando el niño empieza a rascarse, no para y puede hacerse heridas”, advierte.

La dermatitis atópica suele empezar a manifestarse a partir del segundo o tercer mes de vida y se mantiene durante los primeros cinco años.
Luego, con el paso de los años, suele ir remitiendo. “En los lactantes aparece en la cara (en mejillas, barbilla y frente, pero no en el triángulo nasolabial) y después se extiende al cuero cabelludo, el pecho, los brazos y los tobillos.

Pistas para diagnosticar

A partir de los 2 años son más frecuentes las placas eccematosas en los pliegues del cuerpo –los codos o la parte trasera de las rodillas–, la zona peribucal, principalmente el labio superior, muñecas, y pliegues de las orejas”, ilustra la doctora Baselga.

“La zona del pañal, al estar bien hidratada, no suele presentar brotes”, añade. Las manchas blancas en la cara o en otros sitios expuestos al sol y los granitos como “piel de gallina” en los brazos y los muslos son otras pistas a tener muy en cuenta.

También ayudan para realizar el diagnóstico los antecedentes familiares de atopía o de enfermedades como el asma y la rinoconjuntivitis alérgica, ya que puede ser hereditaria. “Todos estos síntomas son suficientes para su diagnóstico, no resultan necesarios análisis de sangre ni biopsias cutáneas adicionales”, indica la doctora.

Y ten en cuenta, para tu tranquilidad, que la dermatitis atópica no es contagiosa, por lo que no es necesario tomar ninguna medida de precaución o aislamiento adicional, a diferencia de otras enfermedades de la piel que sí pueden contagiarse (por ejemplo, los moluscos)

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