Esto es lo que piensa de ti según la vía de comunicación empleada para pedirle una segunda cita

Esto es lo que piensa de ti según la vía de comunicación empleada para pedirle una segunda cita

Estoy hablando del día siguiente. Del día siguiente a que hayas establecido contacto con la dama. Puede ser una conversación platónica o un contacto con-tacto (perdón por la doble redundancia), de ésos que tan bien intelectualizó Bertín Osborne en los protonoventas.

Sabéis de lo que os hablo, ¿verdad? Es una cuestión de ritmo. Si ella es bien dispuesta y vosotros, audaces, es probable que la acabéis arropando como hacía su abuelita. Si no, puede que os cueste un café más (aunque esperemos que nunca ese café de más).

Vuelvo a la senda, que me despistáis. Tanto si llegasteis a tercera base como si os despedisteis con dos castos besos en las comisuras se espera algo de vosotros. Se espera de vosotros el siguiente paso. Y no me refiero al momento en que la enfrentes de nuevo. El siguiente paso no tiene que ver con ella. No la incluye en absoluto. Es una labor de mera intendencia relacional, lo más parecido a un hueco de ascensor dentro del proceso sexual. Da vértigo pero es relativamente sencillo de sortear. No muchos se dejan el pie atascado en él, pero tampoco podéis confiaros. De ahí estas clases particulares.

Al lío:

Tenéis que tantearla porque queréis repetir con ella. Tanto para hacer un revival de ese salto del tigre algo disléxico que queréis demostrarle que sí domináis como para convencerla de que no sois sólo el apuesto galán que se ciñe a la norma establecida, que si os echáis producto en el pelo, lo alborotáis y os holgáis un poco el cuello de la camisa, podéis pasar perfectamente por un simpático y bastante mono trasunto de Ethan Hawke.

Y tantear consiste en establecer nueva comunicación. Y la nueva comunicación no se establece mediante mensajes embotellados, palomas mensajeras o señales de humo. Este artículo es muy serio y no vamos a introducir más lírica de la cuenta. Os prevenimos de cómo ven cada una de nuestras acometidas dependiendo del medio que empleéis. Y mucho cuidado, porque antes de asimilar la primera de vuestras palabras ya saben algo de vosotros:

1. La llamas por teléfono:
eres un hombre hecho y derecho. Estamos GQorgullosos de ti porque saltas al ruedo sin mirar atrás y tomas al toro por los cuernos. Es posible que se sienta intimidada (de hecho, 9 de cada 10 encuestadas así lo reconocen), pero no podrá obviar tu pundonor. Además, si tiene dudas a la hora de quedar le será mucho más difícil negarse en el voz a voz que por escrito. Eso sí, por si está tímida tienes que tener dos o tres bromas a punto. Bromas privadas vuestras o el chiste de la cucaracha. Son comodines que os salvarán del silencio. Prepárate para ser una metralleta locuaz, o mejor, un vendedor de vaporettas a domicilio insensible al desaliento.

2. La llamas por teléfono desde el móvil de la empresa: es la fórmula más utilizada para los que no tienen claro si va a cogerlo en caso de que consiguieras su número a regañadientes. De todos modos, cabe avertir que si optas por esta vertiente tienes muy pocas posibilidades de triunfar. A su lógica pregunta de: "¿Pero tu teléfono no era otro?", sólo puedes contestarle: "es que éste no lo pago yo" (a lo que ella piensa: "es un rata"),  "es que tenía miedo de que no me lo cogieras" (a lo que ella piensa: "es un cagao") o "es el de un amigo, porque yo estaba sin batería y me lo ha dejado" (a lo que ella piensa: "es un desesperado").

*Si te ha dado el teléfono mal, no busques explicaciones esotéricas. Ella se lo sabía perfectamente y tú apuntaste lo que te dijo.

3. Le mandas un mail:
si le mandas un mail es porque crees que vas sobrado de verbo. Cuidado. La barrera entre el cyranodebergeracismo y la pedantería es realmente difusa. Además, no nos queremos ni imaginar las condiciones en las que preferiste pedirle el mail antes que el teléfono. E igual de extrañados que nosostros se quedó ella. Empiezas con menos 10 puntos guays por extravagante, así que más te vale escribir como Neruda.

4. La acechas por Facebook:
cruzasteis dos o tres frases mientras compartisteis barra. Asombrado por su perfectísima anatomía le dijiste que te gustaba "su forma de estar". "Será de ser", responde ella. "No de estar". Sonrisa grande sin ningún empaste de oro a la vista. Bien. Insistes en pagar su copa, pero ella te dice que si acaso la próxima. Os dais la mano teatralmente. La pierdes de vista no sin antes preguntarle su nombre. Se llamaba Eneida. "No habrá muchas Eneidas en Facebook", te dices. Y efectivamente sólo hay tres. Cuando releas este artículo dentro de un par de año ninguna de las tres te ha aceptado como amigo, así que no te queda otra que volver viernes y sábados a aquel bar por los siglos de los siglos. Y cuando por fin la ves, se está enrollando con un maromo mucho más guapo y alto que tú. Y te lamentas de  no haber hecho caso a los de GQ, que ya te advirtieron en esta línea concreta de que hacerte el Sherlock en redes sociales era de tarado insano.

5. La acechas por Twitter:
una vez fui a una fiesta en la que me preguntaron: "¿Cómo te llamas?" "Alberto", contesté. "No, pero en Twitter". Por tanto, debéis saber que según con qué chicas Twitter es importante. Ya lo explicó Nada Importa en una de sus sentenciosas guías de conducta: El favorito es de galán; el reply, de interesante; el mensaje directo, de cuco; y el retweet, de baboso. Contemporiza. Y desde luego, si sales a la vida real, aprende a complementar tus tweets con preguntas incluyentes. Nadie quieres salir con un dechado de ingenio marisabidillo y prepotente.

6. La acechas por Tuenti:
o te has equivocado de red social o te has equivocado de revista o perteneces a una intersección antropológica todocampista. Si perteneces a esta selectísima minoría digievolucionada: véase Facebook.

7. La wasapeas:
estás en la onda, pero vas a convertirte en uno de muchos con los que habla interminablemente sin llegar a conclusiones palpables. El hecho de que las conversaciones con alguien que no conoces apenas se estiren como un chicle sobado sólo puede valer para que cuando os enfrentéis cara a cara os entre el miedo escénico por no ser tan ingeniosos como os permitía la distancia. A no ser, claro, que uses el wasap como si fuera un incuestionable sms. Eso es de señor.
 
8. Le mandas un sms:
la amas.

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