Seducir con la mirada

Seducir con la mirada

Entrar en contacto con otro ser humano a través de la mirada es algo extrañamente perturbador. Ese momento de conexión con el otro, de mutuo examen, aunque sea con un desconocido en el metro, es de una intimidad y un pudor cercano al ridículo. Según una teoría que se está desarrollando a la vez que escribo estas palabras, esto sucede porque en la mirada de alguien que nos mira nos reconocemos a nosotros mismos mirando, y eso nos saca como un cubo de agua fría de ese estado de inconsciencia de nosotros mismos en el que vivimos la mayor parte del tiempo. Sólo hay que percatarse de cómo en seres que no tienen esa autoconsciencia, como perros, niños o gente silvestre, no se produce ese rubor y pueden mirarte durante horas sin el menor signo de vergüenza o incomodidad. Malditos.

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Por eso, a la hora de seducir, la mirada es un arma tan poderosa: cuando miramos nos exponemos al rechazo a puerta gayola pero a la vez sentimos la adrenalina de invadir un dormitorio ajeno, y con este doble filo conseguimos algo tan excitante como es la masperturbación. Pero OJO (jiji), no cualquier tipo de contacto visual vale, y quedarte mirando fijamente no tiene porqué ser sinónimo de intensidad, o al menos no de la intensidad que te gustaría transmitir. Así que, como para todo en la vida, hay que saber qué, cuándo y cómo, y eso es lo que te vamos a contar a continuación; el para qué lo sabes desde los 12 años.

1. Mirada láser

Así bautizó una amiga a la que un compañero de barras y yo dedicábamos a todas las mujeres que tenían la ¿suerte? de compartir el mismo espaciotiempo con nosotros tras la puesta de sol, y de la que éramos totalmente ignorantes y cuya revelación nos explicó muchas cosas. Es una mirada grupal, de manada, similar a la que esos leones que fingen sestear en medio de la sabana dedican a las gacelas que rumian lo suyo no demasiado lejos; el paralelismo con un pub es revelador de nuestros orígenes. Por desgracia, como pasa en los programas de National Geographic, la mayoría de las veces la única manera de pillar presa con esta mirada es que en el montaje final pongan un fragmento de otro documental.

Aun así, es una mirada recomendable para sentirse gregariamente arropado y en determinados bares rockeros donde aún se escuche Extremoduro puede incluso llegar a impresionar a una muy muy joven pseudogótica con camiseta de Evanescence, así que merece la pena intentarla. Total, si has acabado en un garito así, no tienes nada que perder. En la vida.

2. Ojos de enfadado

Es la que podíamos ver tocar el bajo en los videoclips de punk del 77 y que hoy en día, convertida la rebeldía en un campamento urbano de verano, muy pocos pueden adoptar sin que lleve a risa. Uno de esos elegidos es mi amigo el "Loro Sexy", maestro en conjugar su parecido con Richard Ashcroft con una actitud genuinamente rabiosa, y no se revela esta tanto por los grititos que suelta cuando escucha NOFX, sino por el odio y desprecio al TODO que emite cuando se aburre y cree que nadie le mira.

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Esa mirada, si eres capaz de reproducirla, es el equivalente a cortar bragas de mantequilla con una sierra eléctrica de diamante. Al rojo vivo.

3. Los ojos parlantes

Esta es la modalidad que más alegrías nos puede dar pero a la vez la más compleja y difícil de aplicar. Si optamos por ella debemos saber que estamos entrando en un juego creado y dominado totalmente por las mujeres, como no podía ser de otra manera tratándose de dar a entender algo y a la vez lo contrario. Basado en un juego de cruces, caiditas de ojos y aguantes de mirada, la clave está en un precisísimo control del tempo para saber cuándo estamos quedándonos cortos y pareciendo un timorato niño murciano de tres años escondiéndose tras la falda de su madre, y cuando nos estamos pasando de largo y entrando en zona Asperger. Yo como referencia absoluta pondría esta obra maestra del eyefucking que se marca el bueno de Barry Lyndon, pero en un mundo en el que las únicas que se pintan lunares son esas que sabéis, quizás un ejemplo más actual y pragmático sea este vídeo de Karl X Johan que tampoco está mal. Lástima que tras haberlo visto cien veces todavía no sepa cuál es la chica y cuál el chico... ¿He dicho lástima?

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